Año Jubilar
El sábado 22 de agosto, el Santuario de Ayinrehue festejó los 100 años de presencia, servicio y misión evangelizadora de las Hermanas de Schoenstatt, en una celebración marcada por la gratitud y el reconocimiento a una historia de entrega al servicio de la Iglesia y de las comunidades.
La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Jorge Concha Cayuqueo, quien durante su homilía destacó con especial gratitud el testimonio y la importante labor que las Hermanas de Schoenstatt han desarrollado durante décadas en la diócesis. La celebración contó también con la presencia del Padre Pedro Cabello, el Pbro. Carlos Hernández y el diácono Andrés Duarte, junto a más de un centenar de fieles.
La celebración reunió a religiosas, familias, laicos, miembros del Movimiento de Schoenstatt y representantes de diversas comunidades que, a lo largo de estas nueve décadas, han sido acompañadas y enriquecidas por la presencia de las hermanas.
En su homilía, el obispo puso en valor la presencia cercana, silenciosa y fecunda de las Hermanas de Schoenstatt, destacando su entrega generosa, compromiso pastoral y capacidad de acompañar a personas y comunidades en sus distintos caminos de fe. Asimismo, resaltó la labor realizada en Temuco y en diversos lugares, formando personas, acompañando familias, animando comunidades y colaborando activamente en la misión evangelizadora de la Iglesia.
El reconocimiento permitió poner de relieve que su presencia no se ha limitado a determinadas obras o iniciativas pastorales, sino que se ha expresado, sobre todo, en una presencia cotidiana y cercana, capaz de escuchar, acoger, formar y acompañar. Desde su carisma propio, las hermanas han sido colaboradoras valiosas en la misión de la Iglesia, ayudando a que el Evangelio llegue a distintas realidades y generaciones.
“Durante estos años, numerosas personas y familias han encontrado en ellas palabras de esperanza, un espacio de acogida, compañía en momentos importantes de sus vidas y un testimonio concreto de entrega a Dios y a los demás. Su servicio ha contribuido a la formación espiritual de niños, jóvenes y adultos, al fortalecimiento de las familias y a la construcción de comunidades donde la fe pueda ser vivida y transmitida”, manifestó el obispo.
Planteó que este aniversario constituye así un momento especialmente significativo para agradecer a Dios por una historia marcada por la fidelidad, la entrega generosa y el servicio pastoral de tantas religiosas que han dedicado su vida a anunciar el Evangelio y acompañar a las personas en sus distintas realidades.
Testimonios que ponen rostro a una misión fecunda
Uno de los momentos también emotivos de la celebración tuvo lugar al finalizar la Santa Misa, cuando se proyectó una serie de testimonios de laicos. En ellos se recogieron diversas experiencias y palabras de gratitud hacia las hermanas, poniendo rostro y nombre a los frutos de estos años de presencia.
La presencia en Chile permiten reconocer una historia que ha trascendido generaciones, dejando una huella profunda no sólo a través de sus obras visibles, sino también mediante innumerables gestos de cercanía, acompañamiento y formación que han dado fruto en el corazón de las personas, en las familias y en las comunidades.
Memoria, gratitud y esperanza hacia el futuro
Posteriormente, los participantes se dirigieron en procesión hasta la capilla del Santuario, en un ambiente de oración y recogimiento. Allí se impartió la indulgencia plenaria, como parte de esta especial celebración jubilar, culminando una jornada que permitió unir memoria, gratitud y esperanza.

































