Diócesis de Temuco

Sembrando Esperanza desde la Sinodalidad Intercultural

El encuentro, que coincidió con el We Tripantu, nuevo año del pueblo mapuche, tuvo como tema central la reflexión intercultural, con acento en la cultura y espiritualidad mapuche, basado en la sinodalidad que propone la Iglesia.

La parroquia Newen Wenu Chaw fue la comunidad visitante en esta significativa jornada, compartiendo su riqueza cultural y espiritual. A través de cantos, símbolos, oraciones y diálogo, los asistentes fueron acogidos en un ambiente de profundo respeto y fraternidad.

Se realizó un llellipun (oración comunitaria mapuche), junto a la plantación de un canelo, árbol sagrado, como signo visible del encuentro entre culturas y como expresión viva del deseo de caminar juntos. En el Ngellipun, participaron los hermanos de las comunidades parroquiales de Newen Wenu Chaw, junto a su párroco Mario Ross y de la parroquia Jesús Obrero, en compañía del párroco Miguel Niculqueo, quien agradeció la presencia de todos los asistentes.

Además, hubo un espacio para el intercambio de saberes y experiencias, Kimün ,donde se compartió el sentido del Wiñol Tripantu, donde tres lamgen, entregaron sus conocimientos y sabiduría ancestral la renovación del ciclo de la vida y del tiempo,  lahuentuchefe Hortensia Llanquileo, Rogoberto Queipul y Rodrigo Huitraqueo.

Durante la jornada, el obispo diocesano de San José de Temuco, monseñor Jorge Concha Cayuqueo, entregó una profunda reflexión sobre el valor de la interculturalidad en la vida eclesial. Subrayó que “el Evangelio de Jesús se encarna en las culturas para enriquecerlas” y que en cada tiempo y lugar, el anuncio del Reino de Dios debe resonar en los lenguajes, símbolos y realidades propias de los pueblos, como un camino de esperanza, justicia y reconciliación.

Al respecto, la sra Gaby Cárcamo, delegada episcopal de la Vicaría para la Pastoral  Mapuche, ahondó en reflexiones para el encuentro intercultural, profundizando sobre el planteamiento de la iglesia sobre la importancia de valorar e incorporar las culturas.

La jornada concluyó con un mizagún, espacio de celebración compartida y fraterna, donde se reafirmó el compromiso de seguir construyendo una Iglesia, arraigada en su territorio  y abierta a caminar en sinodalidad. Junto al reconocimiento de los asistentes y la entrega de sus conocimientos.