Escribe: mons. Jorge Concha Cayuqueo, obispo Diócesis San José de Temuco
Toda religión crea una imagen de Dios; imagen que a su vez se convierte en paradigma de vida para quien la práctica. Afirmar que Dios es uno y trino, comunidad perfecta, familia auténtica, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es también una invitación a construir comunidades a imagen de la Trinidad.
Hoy estamos celebrando la fiesta de la Santísima Trinidad. Como bautizados, hemos sido llamados a participar de este amor íntimo del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Se nos ha dado la Trinidad como modelo de la comunidad. Nuestras vidas deben reflejar el amor de Dios, su paz y su unidad.
En la Trinidad contemplamos la unidad perfecta en la diversidad. El Padre no es el Hijo, ni el Hijo es el Espíritu Santo, pero los tres comparten la misma esencia divina. Es comunión de amor nos enseña que la unidad no anula la diversidad, sino que la abraza y la eleva.
En un mundo tan fracturado por las divisiones, los egoísmos, individualismos, la violencia que no está lejos de nosotros, recientemente el miércoles por la noche fue quemada una capilla católica, en Curacautín, en ese templo sencillo, lugar de encuentro de los fieles de la comunidad San Francisco de Asís de Radalco, se reunían, cada semana, para celebrar su fe en Dios Uno y Trino. quedo reducido a cenizas.
También hemos sido testigos a través de las noticias como se rompe la unidad y la comunión entre los pueblos por el ansia de poder y la incapacidad de dialogar y llegar a acuerdos que permitan que esos pueblos vivan en la Paz. Precisamente en esas tierras donde Jesús paso haciendo el bien y predicando la Buena Noticia del Reino, está envuelta, en miedo, temor, y terror por los grandes bombardeos que sufriendo en las últimas horas.
Hoy el Dios Uno Trino nos llama con urgencia a vivir en comunión y a buscar la unidad y la paz siendo peregrinos de esperanza respetando nuestras diferencias. Dios no es un ser solitario sino comunidad de amor. El Hijo procede del Padre y el Espíritu Santo del amor de entre ambos.
En la Trinidad encontramos también una clave para la vida cristiana: vivir como una Iglesia unida, como familia de fe. No hay verdadero cristianismo sin comunión ni unidad. El amor trinitario es modelo y fuente de nuestra vida comunitaria.
Por eso, contemplar la Trinidad no es solo un ejercicio teológico, sino una llamada profunda a la unidad, la humildad y al amor. En un mundo que nos invita a encerrarnos en nosotros mismo, Dios Uno Trino nos llama a salir, amar y vivir en relación con mis hermanos.








