La mañana y la tarde del sábado 23 de agosto se vivió una jornada de fiesta y encuentro en la Diócesis San José de Temuco, con la celebración del Jubileo de los Monaguillos, instancia que reunió a más de 120 niños y jóvenes, acompañados de sus padres, en un ambiente de fraternidad, alegría y oración, donde un total de 200 servidores del altar junto a sus familias se reunieron en torno a Cristo.
El encuentro se desarrolló en el Campus San Francisco de la Universidad Católica de Temuco, donde los monaguillos de diversas parroquias de la diócesis se congregaron, animados en todo momento por el grupo musical Fuerza Mercedaria de la comuna de Victoria, que hizo cantar, bailar a los asistentes.
Posterior, se formaron dos grupos, los padres y los monaguillos, que se congregaron en dos auditórium, participando en un espacio de reflexión, profundizando sobre el acompañamiento y la misión que cumplen en la vocación de los servidores del altar, ahondando en los temas el rol de los monaguillos y tareas de los coordinadores y padres, que estuvo a cargo de Alberto Delgadillo, papá y quien en su juventud fue monaguillo. Y en paralelo, se dictó el tema referido sobre monaguillos, servidores de esperanza, que lo impartió fray Jorge Horta
La actividad, organizada por la Comisión Diocesana de Liturgia, estuvo acompañada por el Pbro. Rodrigo Aguilar, encargado diocesano de liturgia junto al equipo, además de los sacerdotes Ronny Guédez, Padre Gustavo que estuvieron confesando, signo de encuentro con la misericordia de Dios en este tiempo jubilar.
La jornada contó con la presencia cercana del obispo, monseñor Jorge Concha Cayuqueo, quien compartió con los jóvenes y con sus familias.
Tras un almuerzo fraterno, los monaguillos emprendieron una peregrinación jubilar hasta el Templo Catedral de Temuco, caminar que estuvo a cargo de EJE Talita Kum de Carahue, donde alrededor de las 16:00 horas se celebró la Santa Misa.
En su homilía, monseñor Jorge Concha Cayuqueo destacó con fuerza la importancia de los monaguillos en la vida de la Iglesia: “El servicio que ustedes realizan no es pequeño ni secundario. Cada vez que se acercan al altar están muy cerca de Jesús, que es el centro de la Eucaristía. Son un signo de disponibilidad y de entrega, porque ayudan a que la celebración sea más hermosa. Pero, sobre todo, su cercanía con el Señor los va transformando en discípulos suyos”.
El obispo recalcó que los monaguillos no solo cumplen una tarea, sino que su vocación los acerca de manera especial a Cristo: “El Señor los mira con amor y los invita a servir. Este servicio que ustedes prestan es muy importante en la vida cristiana, donde aprenden a descubrir que la verdadera alegría está en dar, en servir con el corazón”.
Dirigiéndose a los padres, monseñor agradeció con especial gratitud el apoyo constante y silencioso que brindan a sus hijos, ” Ustedes los sostienen, los animan, los acompañan. Gracias por ayudarlos a crecer en la fe y por enseñarles con su ejemplo que servir al Señor vale la pena. Sin ustedes, este camino no sería posible”.
Asimismo, recordó las palabras de Jesús: “Dejad que los niños vengan a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos”, subrayando que esta cita se hacía vida en el Jubileo, ” Al verlos a ustedes, recordamos que el Señor sigue llamando con ternura y confianza a los más pequeños. Y nuestra tarea como Iglesia es abrirles siempre las puertas y el corazón, porque en ellos se manifiesta la pureza del Evangelio”.
Al finalizar, el Pbro. Rodrigo Aguilar Gómez, también dirigió un mensaje de gratitud, expresando que los monaguillos son un regalo de Dios para nuestras comunidades. Ellos, con su alegría y entusiasmo, ” nos recuerdan lo esencial, que estamos llamados a servir y a poner a Cristo en el centro”, expresó el encargado diocesano de liturgia. ” Agradezco de corazón a cada uno de ustedes por su entrega y por ser signo de esperanza en nuestra Iglesia. Gracias también a sus familias y a todos quienes colaboraron para hacer posible este Jubileo, que sin duda será un recuerdo que marcará sus vidas”.
Gratitud además a las hermanas franciscanas ecuatorianas, hermana Nely y hermana Ruth, que estuvieron a cargo de la liturgia penitencial.







































