Diócesis de Temuco

Celebración de la fiesta patronal de San José

En la solemnidad de San José, esposo de la Virgen María y patrono de la diócesis, el jueves 19 de marzo, monseñor Jorge Concha Cayuqueo, OFM, junto al clero diocesano, celebró la Eucaristía de la fiesta patronal acompañado por fieles provenientes de los cinco decanatos. La comunidad, reunida en un Templo Catedral colmado, vivió una jornada marcada por la fe, la alegría y la esperanza, dando inicio al año pastoral con espíritu de unidad.

En este contexto, el obispo invitó a los presentes a contemplar profundamente la figura de San José, como un referente vivo y actual. Lo describió como un hombre justo, humilde y silencioso, cuya grandeza se manifiesta precisamente en su capacidad de escuchar a Dios y actuar con valentía en lo cotidiano. “San José, es el custodio fiel, el hombre que supo confiar incluso cuando no comprendía del todo los planes de Dios, y que asumió con amor y responsabilidad la misión que le fue encomendada”, manifestó

Durante su homilía, monseñor profundizó en el papel de San José dentro de la historia de la salvación, destacando cómo Dios actúa en la vida concreta de las personas. Recordó que, así como en el relato del libro de Samuel se anuncia a David la promesa de una descendencia, esta se cumple plenamente en Jesús, nacido de María, esposa de José.

En este sentido, subrayó que el Evangelio muestra claramente cómo José se convierte en pieza clave de ese cumplimiento: “Dios irrumpe en sus planes, cambia su proyecto de vida, y José responde con una fe concreta, valiente y silenciosa. No cuestiona desde la desconfianza, sino que acoge desde la fe”.

El obispo resaltó que la obediencia de José no fue pasiva, sino profundamente activa, implicó asumir riesgos, enfrentar la incertidumbre y hacerse cargo de una familia. “José nos enseña que custodiar no es solo proteger, sino también acompañar, sostener, cuidar con ternura y responsabilidad la vida que Dios nos confía”.

Asimismo, invitó a los fieles a reconocer en San José un modelo actual de discipulado, un hombre trabajador, comprometido, que desde lo sencillo construyó una vida plenamente entregada a Dios y a los demás.

A la luz del testimonio de San José, monseñor Jorge hizo un fuerte llamado a la diócesis a vivir su misión como una Iglesia custodio y servidora. Enfatizó que esta tarea se concreta en las comunidades, parroquias, colegios y diversas pastorales, las cuales están llamadas a ser espacios de cuidado, acogida y acompañamiento.

En particular, puso el acento en la urgencia de cuidar y acompañar a niños, adolescentes y jóvenes, inspirados en la forma en que José protegió y guió

a Jesús en su crecimiento. “Hoy, estamos llamados a hacer lo mismo, custodiar sus vidas, ofrecerles espacios de escucha, permitirles ser protagonistas y acompañarlos en sus búsquedas”.

En esa línea, destacó la importancia de generar procesos pastorales significativos, donde los jóvenes puedan desarrollar su creatividad, liderazgo y compromiso social, encontrando en la Iglesia un lugar donde crecer en la fe y descubrir su vocación. “Ellos no solo son el futuro, son el presente vivo de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad”, afirmó.

Además, insistió en la necesidad de salir a su encuentro en los distintos ambientes donde se desarrollan, valorando sus inquietudes y formas de ver el mundo. Este acompañamiento, indicó, debe estar marcado por la cercanía, la presencia y la empatía, siguiendo el ejemplo de San José.

Al iniciar el año pastoral, el obispo reiteró el llamado a asumir el desafío de custodiar la vida en todas sus dimensiones: las relaciones, la familia, la creación y, especialmente, a los más vulnerables. Inspirado en la figura de San José, invitó a toda la diócesis a renovar su compromiso con una Iglesia que cuida, protege y acompaña con amor.

“Así como José custodió a Jesús y a María, también nosotros estamos llamados a custodiar la vida que se nos ha confiado”, señaló, enfatizando que esta misión implica responsabilidad, entrega y una profunda confianza en Dios.

Finalmente, la jornada estuvo precedida por un encuentro fraterno entre los presbíteros en el obispado, donde compartieron un espacio de diálogo y cercanía, fortaleciendo los lazos de comunión que sostienen la vida pastoral de la diócesis.