Diócesis de Temuco

Obispo diocesano llamó a renovar la fe y la vida comunitaria en la solemnidad de Pentecostés

En la celebración de Pentecostés, presidida por el obispo diocesano, en el Templo Catedral, la comunidad fue invitada a volver la mirada al acontecimiento en que el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles, hecho que marca el nacimiento de la Iglesia y el inicio de su misión evangelizadora.

Durante su homilía, el obispo destacó que Pentecostés “es una gracia viva y actual para toda la Iglesia”, cuyos frutos trascienden fronteras y alcanzan a toda la comunidad. En ese contexto, recordó que la Iglesia está “hecha de piedras vivas”, conformada por hombres y mujeres llamados a anunciar el mensaje de Jesucristo.

Asimismo, explicó que el Espíritu Santo es la fuerza de Dios que llegó al corazón de los apóstoles y discípulos para impulsarlos a salir y anunciar el Evangelio. “Su fuerza atraviesa fronteras, rompe muros y va más allá”, expresó, señalando que este acontecimiento trae alegría, beneficiando a toda la sociedad y al bien común.

El obispo también realizó una analogía con la realidad actual, indicando que muchas personas hoy viven atemorizadas, inseguras y paralizadas, tal como ocurrió con los discípulos antes de recibir al Espíritu Santo. Frente a ello, afirmó que la violencia parece manifestarse de diversas maneras y que se hace urgente el entendimiento basado en la verdad y la justicia.

En ese sentido, llamó a dejarse renovar por la acción del Espíritu Santo: “Necesitamos ser sorprendidos y despabilados por el Espíritu Santo, que nos fortalezca en la fe y nos ayude a enfrentar los desafíos de nuestro tiempo”.

Profundizando en este mensaje, señaló que el Espíritu Santo “hace nuevas todas las cosas” y fortalece el buen espíritu de hombres y mujeres. Añadió que, tanto en distintos lugares del mundo como en la propia región, es necesario que surja algo nuevo para enfrentar los prolongados y graves problemas que afectan a la sociedad.

“Se necesita superar la sordera, la ceguera o la visión parcial para abrir caminos nuevos, fruto del buen espíritu”, manifestó, subrayando la necesidad de renovación para alcanzar el bien de todos.

Finalmente, destacó que el Espíritu Santo, mediante sus dones, fortalece la vida interior de las personas, transforma la vida del hombre y la mujer, y puede también transformar la sociedad.

La celebración concluyó con el tradicional apagado del cirio pascual, gesto realizado por el obispo al finalizar el tiempo litúrgico de Pascua. Con ello, se dio inicio simbólico a una nueva misión para la Iglesia, llevar la luz de Cristo al mundo, recordando que ahora cada cristiano está llamado a ser testimonio vivo bajo la acción del Espíritu Santo.