Por estos días el pueblo mapuche, como cada año, está a la espera de una de las celebraciones más importantes, el WIÑOL TRIPANTU o WETRIPANTU, donde se da la bienvenida al nuevo ciclo de la vida natural, que se inicia con el solsticio de invierno. Su sabiduría ancestral les recuerda que una vez más todo renace, todo comienza en la naturaleza, es tiempo de esperanza y reencuentro. El küme mongen, contiene la sabiduría del cuidado y equilibrio con todo lo que ella contiene.
La celebración, conectada con su sentido de vida y cosmovisión, otorga a la tierra una dimensión superior a la que desde la cultura occidental se le da, la cual es muy reductiva, no es más que un bien de transacción, una mercancía, un medio que en toda la historia de la humanidad ha generado grandes luchas y guerras. A este punto cabe recordar que para la enseñanza social de la Iglesia uno de sus principios morales es el destino universal de los bienes, principalmente de la tierra. En nuestros días, observamos guerras en el mundo, donde los más poderosos solo buscan explotar las riquezas de la tierra, especialmente sus minerales – hoy se da una verdadera fiebre por las “tierras raras” – , a cambio de la vida de tantos miles de personas, que ante la codicia parecieran no valer nada.
Iniciando el mes de junio, el Presidente de la República ha anunciado una modificación a la Ley 19.253 respecto de artículos vinculados a la protección de la tierra indígena; para unos es buena noticia y para otros es muy mala, especialmente para aquellos que viven de la tierra, porque su opción de vida está conectada a sus ancestros y su comprensión del mundo. El gobierno pondrá en discusión un valor ancestral que, dicho desde nuestra idiosincrasia es “patrio” para gran parte de la población mapuche. El Presidente también ha dicho que las modificaciones se harán luego de un proceso de consulta. ¡Qué importante es la decisión del propio pueblo mapuche sobre este factor tan vital! La Iglesia, con luces y sombras ha caminado por décadas junto a ellos, y en sucesivas oportunidades las voces de los obispos, antecesores míos, se ocuparon de aportar con sus orientaciones, que pueden ser hoy otra vez luz, para el proceso que se avecina. En 1979 los Obispos del Sur dijeron: “cuando las autoridades toman decisiones importantes para el futuro de un pueblo, por más que sea minoría, debe tener respeto por la conciencia colectiva de este pueblo”. En el 2001 la carta “Por la dignificación del Pueblo Mapuche” señala: “Se deben reconciliar las formas de pensar y juzgar con verdad histórica, las legítimas aspiraciones de los pueblos originarios con la legislación vigente”.
Mi invitación es a tener una mirada integral de la relación entre el Estado y este pueblo, que tiene riquezas y valores propios, donde se respeten las visiones, se dialogue, se reconozca la historia de sufrimiento, fruto de decisiones erróneas tomadas en diferente ocasiones por el Estado, la historia muestra que muchas leyes solo favorecieron el despojo. Surge la pregunta: ¿cómo se concilia la reforma con la demanda de tierras? Es oportuno e imprescindible atender estas demandas de un modo objetivo y con la máxima responsabilidad política y social, de ello depende la convivencia intercultural pacífica, que solo puede darse con el máximo de justicia. Los gobiernos hacen honor a su alta responsabilidad si entre sus altos propósitos está la justicia en favor de los ciudadanos y los pueblos, más aún de aquellos que existen con anterioridad al mismo Estado.
La Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo nos recuerda que Dios envió a su Hijo a la tierra “para la vida del mundo” (cfr. Jn 6, 51). Nuestra vida con justicia y sentido de fraternidad es acogida a esa voluntad suprema y el camino que nos acerca a Dios.
+Jorge Concha Cayuqueo, obispo Diócesis San José de Temuco










