Diócesis de Temuco

De Babel a la fraternidad humana

En su reciente encíclica Magnifica Humanitas, el papa León XIV plantea una imagen profundamente sugerente para nuestro tiempo: la humanidad se encuentra ante la disyuntiva de construir una nueva Torre de Babel o una ciudad donde las personas puedan convivir en dignidad, diálogo y fraternidad. La referencia bíblica no es casual. Babel representa la tentación permanente de imponer una única visión, una única lógica y un único poder sobre todos.

A primera vista, podría parecer que el relato de Babel habla de división. Sin embargo, la reflexión del Papa apunta en otra dirección: el problema no era la diversidad de los pueblos, sino la soberbia de quienes pretendían uniformar a la humanidad bajo un mismo proyecto de poder. La riqueza humana nunca ha estado en la homogeneidad, sino en la pluralidad de rostros, lenguas, culturas y experiencias que reflejan la infinita creatividad de Dios.

Esta enseñanza tiene una resonancia especial en La Araucanía. Nuestra región es un espacio donde convergen historias, tradiciones y sensibilidades distintas. El pueblo mapuche, las comunidades rurales, las familias llegadas desde otros continentes y las nuevas generaciones urbanas forman parte de una misma tierra. Pretender que todos piensen igual, sientan igual o interpreten la realidad de la misma manera sería desconocer una riqueza que constituye nuestra identidad más profunda.

La paz social no se construye eliminando las diferencias, sino aprendiendo a convivir con ellas. El respeto auténtico nace cuando somos capaces de reconocer que el otro posee una mirada valiosa sobre el mundo, aun cuando no coincida plenamente con la nuestra. La fraternidad no exige uniformidad; exige encuentro.

En este contexto, las palabras de León XIV adquieren una actualidad aún mayor al abordar el fenómeno de la inteligencia artificial. El Papa advierte que la tecnología no es neutral y que debe estar al servicio de la persona humana y del bien común. También alerta sobre el riesgo de que el poder tecnológico quede concentrado en pocas manos, imponiendo criterios, visiones y decisiones que terminen condicionando la vida de millones de personas.

La inteligencia artificial ofrece oportunidades extraordinarias para la educación, la salud y la comunicación. Sin embargo, también podría transformarse en una nueva Babel digital si favorece la uniformidad del pensamiento, la repetición de prejuicios o la imposición de una cultura única. Los algoritmos tienden a privilegiar aquello que se repite con mayor frecuencia, pero la verdad humana es mucho más rica que una estadística.

Por eso, el desafío no consiste en rechazar la tecnología, sino en humanizarla. La inteligencia artificial debe ayudarnos a comprender mejor la diversidad del mundo y no a reducirla. Debe abrir espacios para el diálogo y no reemplazar el pensamiento crítico. Debe servir a las personas y a los pueblos, respetando sus identidades, lenguas y culturas.

+Jorge Concha Cayuqueo, obispo Diócesis San José de Temuco