Diócesis de Temuco

Universidad al servicio de la dignidad humana

Este 8 de septiembre, la Universidad Católica de Temuco cumple 67 años, pues fue fundada en 1959 por el obispo Mons. Alejandro Menchaca Lira, quien fue un visionario en su tiempo.

Son varios los rasgos que, a lo largo de casi siete décadas, han dado identidad a esta casa de estudios. Quiero destacar tres de ellos. 

El primero es su arraigo territorial. Aunque nació en Temuco, siempre ha estado estrechamente vinculada a la amplia comunidad regional y ha sido, para muchas familias urbanas y rurales, la puerta concreta hacia un futuro mejor, el lugar donde el esfuerzo y el sueño de los padres por ver a sus hijos profesionales o técnicos encontraron, por fin, un camino real.

El segundo es su compromiso con una excelencia que no le da la espalda a la propia cultura. La universidad ha buscado formar profesionales y técnicos de primer nivel sin renunciar a lo que esta tierra le ha enseñado sobre el valor del diálogo entre pueblos, el respeto por todos quienes habitan la región en toda su diversidad, la convicción de que no hay futuro posible para La Araucanía que no se construya juntos. Desde esa conciencia de un destino común, la UCT aporta también, con su particularidad, a la tarea mayor de construir un Chile más unido.

El tercero, y quizás el que da sentido a los otros dos, es la vocación de custodiar al ser humano que la universidad asume desde su identidad cristiana, según la expresión de la Encíclica Magnífica Humanitas. Vivimos tiempos en que la dignidad de las personas vuelve a estar amenazada, por peligros nuevos y por otros muy antiguos que regresan disfrazados. Ante ellos, la universidad no calla ni claudica. Y ese llamado, que la Encíclica plantea como universal, tiene aquí rostros muy concretos: los de nuestras familias mapuche y no mapuche, los de tantos jóvenes de campo y ciudad para quienes la universidad significa, sencillamente, una oportunidad real de dignidad y futuro. Cuidar al ser humano, en La Araucanía, es acompañar precisamente a esa gente, con su historia, con sus heridas y esperanzas, hacia una convivencia más justa y fraterna.

Por eso la UCT sigue mirando lejos y crece con nuevos desafíos en alianza con otros centros de desarrollo de conocimiento, más allá de la región y del país, como lo hemos visto en congresos internacionales. Así, permanece fiel a su vocación de servicio y cercanía al hombre y a la mujer de esta Araucanía, que soñamos más desarrollada y humana, con respeto a toda su gente y a la hermosa creación que Dios nos ha regalado, desde los valores evangélicos de verdad, justicia y fraternidad.

Solo me resta expresar gratitud a Dios por esta universidad, y animar a su cuerpo docente a seguir siendo constructores de una humanidad mejor; a sus funcionarios administrativos y a todas las personas que, silenciosamente, hacen posible que sus puertas se abran cada día, sin interrupción, desde hace 67 años; y a sus estudiantes, llamados a ser corresponsables y forjadores del futuro desde la formación técnica o profesional que decidan alcanzar. De todos nosotros depende cautelar que esas puertas puedan seguir abriéndose mañana, para bien de nuestra región y de nuestra sociedad. Tal como lo ha dicho el papa León XIV: “El valor de la educación se mide en función de la dignidad humana”. 

¡Feliz aniversario!

+Jorge Concha Cayuqueo