Diócesis de Temuco

Anunciar el Evangelio con esperanza, fraternidad y humanidad

En el Evangelio según san Mateo (9,35–10,8), Jesús recorre ciudades y pueblos, enseñando y anunciando la Buena Noticia del Reino y sanando toda dolencia y enfermedad, esto es lo propio del Mesías: mirar la realidad y hacerse cargo, vincularse con las personas en sus alegrías y también en sus dolores. 

Jesús siente compasión de todos, ve sus cansancios, los ve como ovejas que no tienen pastor. Esa mirada de Jesús sigue siendo actual, pues continúa contemplando a la humanidad con amor, cercanía y misericordia; se hace próximo al sufrimiento, porque trae la paz, esa paz al corazón.

Nosotros, en nuestra Región de La Araucanía, vivimos tiempos que nos impulsan y que nos desafían a más. Sin duda existen preocupaciones, incertidumbres, dificultades económicas, tensiones sociales y heridas que aún esperan caminos de encuentro y reconciliación. Frente a esta realidad, la Palabra de Dios no pierde vigencia, no pierde solidez su contenido. Por el contrario, se convierte en punto de orientación que guía nuestros pasos y en fortaleza para caminar con confianza.

Jesús nos invita a ser Buena Noticia. No se trata solamente de leer o escuchar su Palabra, sino de permitir que ella llegue al corazón y transforme nuestra manera de vivir y de actuar. 

En este pasaje, además, Jesús reúne, elige y envía a sus discípulos para anunciar su mensaje. Es una misión que sigue siendo tarea de toda la Iglesia y de cada cristiano. Anunciar el Evangelio hoy significa dar testimonio de la esperanza, promover la paz, cuidar la dignidad de las personas y construir relaciones basadas en el respeto, en el diálogo y la solidaridad. Significa también ocuparnos de quienes sufren, acompañar a quienes se sienten solos y tender puentes donde muchas veces se levantan murallas.

La Araucanía es una tierra rica en historia y diversidad cultural. Aquí convivimos personas de distintos orígenes, tradiciones y sensibilidades. Precisamente por ello, estamos llamados a fortalecer lazos de humanidad entre todos. Ser parte de esta magnífica humanidad es fortalecer el respeto mutuo, el diálogo sincero y la búsqueda del bien común, desde convivencia más justa y fraterna.

El Señor nos recuerda que la misión nace de la gratuidad del amor de Dios: “Gratis lo han recibido; den gratuitamente”. Hemos recibido mucho del Señor: su amor, su perdón, su palabra y su ternura. Compartamos esos dones con generosidad y humildad. Que cada comunidad, cada agente de la sociedad, cada familia y persona pueda convertirse en signo de la presencia de Cristo en medio de nuestro mundo.

Pidamos al Señor que renueve nuestra fe y nos conceda la valentía para anunciar siempre el Evangelio de Cristo. Que sus palabras sean nuestro alimento cotidiano y nuestra fuerza en las dificultades. Y que, guiados por su amor, sigamos construyendo una Araucanía donde prevalezcan la humanidad, la fraternidad, el respeto y la esperanza para todos.

+Jorge Concha Cayuqueo, OFM