Diócesis de Temuco

Camino de conversión

En este tiempo de gracia que la Iglesia nos regala a través de la Cuaresma, el Evangelio de este domingo  (Jn 11, 1-45) nos sitúa ante uno de los relatos más conmovedores y esperanzadores: la resurrección de Lázaro. En este pasaje, contemplamos a un Jesús profundamente humano, que se conmueve hasta las lágrimas ante el dolor de sus amigos, pero que también se revela como Señor de la vida, capaz de vencer incluso la muerte.

Cuántas veces, al igual que Marta y María, nos enfrentamos a situaciones que nos sobrepasan: la enfermedad, la pérdida de un ser querido, la incertidumbre, los problemas familiares o económicos. Y, en medio de ese dolor, brota la pregunta que nace del corazón herido: “Señor, si hubieras estado aquí…”. Es la expresión de una fe que sufre, de una esperanza que parece tambalear, pero que no desaparece del todo.

Jesús no es indiferente a nuestro dolor. Él se detiene, escucha, acompaña y llora con nosotros. Este gesto nos revela que Dios no es lejano ni ajeno a nuestras angustias; por el contrario, camina a nuestro lado, incluso cuando no logramos reconocerlo. En nuestras propias “tumbas”, en esos momentos en que sentimos que todo está perdido, resuena con fuerza su voz: “¡Sal fuera!”. Es una invitación a volver a la vida, a no quedarnos encerrados en la desesperanza.

La Cuaresma es precisamente ese tiempo en que el Señor nos llama a salir de nuestras oscuridades, a dejar atrás aquello que nos ata y nos impide vivir plenamente. Es un camino de conversión, pero también de confianza. No se trata de negar el dolor, sino de atravesarlo con la certeza de que Dios tiene la última palabra.

Hoy, más que nunca, estamos llamados a enfrentar nuestras dificultades con una fe viva y perseverante. No una fe ingenua, sino una fe que se fortalece en la prueba, que se sostiene en la oración y que se alimenta de la certeza de que el Señor nunca nos abandona. Aun cuando todo parezca oscuro, Él sigue obrando, muchas veces en silencio, preparando una vida nueva.

Que en esta Cuaresma renovemos nuestra fe en Jesucristo, que es la resurrección y la vida. Y que, aun en medio de las pruebas, podamos escuchar su voz que nos llama a levantarnos, a creer y a seguir caminando con esperanza. Porque donde está Él, la muerte no tiene la última palabra, y la vida siempre vuelve a florecer.

+ Jorge Concha Cayuqueo, obispo diócesis San José de Temuco