Diócesis de Temuco

Conmemoración de los 30 años de la muerte de dos religiosas de la congregación de Hermanas Misioneras Catequistas de Boroa

El día sábado 6 de septiembre se celebró una eucaristía en la catedral de la diócesis de San José de Temuco en memoria de las dos religiosas que fueron martirizadas en el año 1995. El hecho ocurrido en la misma fecha, en Casa Betania, sede de las Hermanas Misioneras Catequistas de Boroa (Hmcb), fue conmemorado por primera vez de manera pública, en el marco del centenario de la congregación en 2028.

30 AÑOS DE MEMORIA AGRADECIDA

Por primera vez desde el suceso, las Hermanas Misioneras Catequistas de Boroa decidieron realizar una eucaristía en memoria del asesinato de sus hermanas Alicia del Carmen Pilquimán Ulloa (51años) y Anjelita Muñoz Segura, conocida como sor Bernardina (79 años), de manera pública.

En relación a esto, sor Nelly Muñoz Cerda, Superiora General de las Hmcb, se refirió a la razón tras esta conmemoración: “En el contexto de los cien años de la congregación, quisimos hacer memoria agradecida de la muerte de nuestras hermanas”, declaró.

Las Hmcb pertenecen a la diócesis de Villarrica, sin embargo, les fue cedida la catedral de la diócesis San José de Temuco para realizar esta conmemoración: “La hicimos en la catedral, porque bajo esa jurisdicción ocurrieron los hechos, era donde vivían nuestras hermanas”, afirmó la Superiora.

La misa fue presidida por monseñor Jorge Concha Cayuqueo, obispo Diócesis  San José de Temuco, acompañado por monseñor Francisco Javier Stegmeier, de la diócesis de Villarrica, además de otros sacerdotes y religiosas afines a las Hermanas Misioneras.

La celebración fue acompañada por el coro de los Misioneros Catequistas de Boroa, grupo de jóvenes laicos perteneciente a la congregación, quienes brindaron el canto y música a esta ocasión tan solemne y dolorosa para la familia Misionera Catequista.

UN MARTIRIO SIN PRECEDENTES

El padre Jaime Villalobos Farrán, párroco de San Juan Pablo II de Pillanlelbún,  realizó la lectura de un crudo y emotivo testimonio de los hechos, ya que él fue quien representó a la congregación en todos los procesos legales relacionados al asesinato.

Tras este momento de reflexión y unas breves pero certeras palabras de agradecimiento por parte de sor Nelly Muñoz, culminó la eucaristía.

Este hecho no sólo marcó a la comunidad de la que fueron parte sor Alicia del Carmen y sor Bernardina, fue un suceso que conmocionó a toda la iglesia y al país, incluso haciendo eco alrededor de todo el mundo. Además de ser un dolor que cambió la vida de las Hermanas Misioneras Catequistas de Boroa y sus cercanos.

El autor del crimen, con apenas 17 años en el momento de los hechos, fue detenido,  procesado y condenado a 10 años de prisión, la máxima pena posible en consideración a su edad. Aunque cumplió esa condena sin mayor inconveniente, hoy en día permanece en la cárcel debido a crímenes no relacionados con este acontecimiento.

El martirio sufrido por las dos Hmcb no tenía precedentes. Fue la primera vez que un crimen así fue cometido en Chile, por lo que construir la memoria de éstas no sólo valida sus trayectorias y vidas, si no que la historia de toda la iglesia chilena.