Diócesis de Temuco

Descansar, cuidar y agradecer

El tiempo de vacaciones es una valiosa oportunidad que Dios nos regala para detenernos, descansar y reencontrarnos con lo esencial. No se trata solo de interrumpir el trabajo o cambiar de escenario, sino de permitir que el cuerpo, la mente recuperen serenidad y paz. En una sociedad marcada por la prisa y la exigencia constante, el descanso se vuelve una necesidad profunda y un acto de sabiduría. El Señor conoce nuestra fragilidad y nos invita a confiar en Él: «Vengan a mí los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré» (Mt 11,28).

La Sagrada Escritura nos recuerda que el mismo Dios descansó después de la obra de la creación, bendiciendo ese tiempo como espacio de contemplación y gratitud (cf. Gn 2,2-3). Descansar, entonces, no es alejarnos de Dios, sino aprender a mirarlo todo desde su presencia amorosa, reconociendo que la vida es don y no solo tarea.

En este tiempo, muchas familias salen a recorrer nuestro hermoso país, a contemplar la diversidad de sus paisajes, la riqueza de su flora, su fauna y su cultura. Tal como nos enseñó el papa Francisco en la encíclica Laudato Si, la creación es nuestra casa común, un regalo confiado a nuestra responsabilidad. Disfrutar de la naturaleza implica también cuidarla: respetar los entornos naturales, no contaminar, usar con prudencia los recursos y promover una cultura del cuidado que piense en el bien común y en las generaciones futuras.

El descanso vivido en contacto con la creación nos invita a la contemplación y a la gratitud. Nos ayuda a reconocer que no somos dueños absolutos de la tierra, sino custodios llamados a protegerla con amor y respeto. Como señala la Escritura, «el Señor Dios tomó al ser humano y lo puso en el jardín para que lo cultivara y lo cuidara» (Gn 2,15). Cuidar la creación es, por tanto, una forma concreta de vivir nuestra fe.

Las vacaciones son también un tiempo privilegiado para fortalecer la vida familiar, compartir sin prisas, escucharnos con mayor atención y acompañarnos mutuamente. Son momentos sencillos, pero profundamente humanos, donde se renuevan los lazos, se sana el corazón y se aprende nuevamente el valor del encuentro.

Que este tiempo de descanso nos permita reconectarnos con Dios, con los demás y con la creación. Que nunca olvidemos que Él camina siempre a nuestro lado, sosteniéndonos con su amor infinito y enseñándonos a vivir con sencillez, responsabilidad y esperanza.

† Monseñor Jorge Concha Cayuqueo, OFM

Obispo de la Diócesis San José de Temuco