Escoltado siempre por la Tercera Compañía del Cuerpo de Bomberos, se vivió una emotiva jornada de despedida a quien era párroco de San Juan Pablo II de Pillanlelbún.
Con muestras de afecto de sus comunidades, familiares, amigos y compañeros de servicio, fueron despedidos los restos del padre Jaime Villalobos Farrán, sacerdote que este domingo cumpliría 46 años de ministerio, y que se desempeñaba como capellán regional del Cuerpo de Bomberos y del Centro Español de Temuco, además de ser párroco en San Juan Pablo II, en Pillanlelbún.
Su despedida tuvo un carácter especialmente significativo con la presencia del Cuerpo de Bomberos, institución a la que el Padre Jaime estuvo profundamente vinculado durante su ministerio, como voluntario y sacerdote. Con honores propios de la tradición bomberil, voluntarios y representantes de distintas compañías acompañaron su último adiós, dando cuenta del estrecho vínculo que construyó durante años con quienes consideraba parte de su propia familia.
Palabras de despedida a un sacerdote, amigo y servidor
Previo a la Eucaristía, a las 19:00 horas del sábado 29 de agosto, quienes compartieron de cerca la vida y el servicio del padre Jaime dedicaron conmovedoras palabras destacando su cercanía, generosidad y permanente disposición para acompañar a quienes lo necesitaban.
El alcalde de Temuco, Roberto Neira Aburto, en su rol de edil y bombero destacó la profunda unidad que existía entre sus dos grandes vocaciones: el sacerdocio y el servicio bomberil:
“Jaime tenía dos grandes vocaciones, en realidad era una sola: servir a los demás. Su sacerdocio y su vocación bomberil estaban profundamente unidas. En ambos caminos había algo que lo definía: la entrega. (…) Quienes tuvimos la suerte de compartir con él, sabemos que Jaime no era un bombero solamente de nombre, era ese hombre que llegaba cuando las cosas estaban difíciles, llegaba con desayuno a la guardia nocturna. Era quien acompañaba después de una emergencia, era quien sabía cuándo había que hablar y cuándo simplemente había que guardar silencio”.
El Presidente Regional del Cuerpo de Bomberos Araucanía, Sr. Javier Pizarro Reckmann fue quien dirigió las palabras de despedida al Padre Jaime ante los cientos de personas que acudieron a la Catedral de Temuco:
“No es fácil despedir a quien durante tanto tiempo estuvo presente cuando más necesitamos una palabra de esperanza, una oración, un abrazo simplemente. Acompañó a nuestros voluntarios en momentos de alegría, pero especialmente en aquellos momentos difíciles que muchas veces solo quienes visten el uniforme de bomberos conocen. Estuvo junto a quienes acudían al llamado a la emergencia, estuvo junto a las familias, en momentos de dolor, de incertidumbre y de pérdida. Y también estuvo allí para recordarnos que incluso en las circunstancias más difíciles, nunca debemos perder la fe y la esperanza. Porque ser capellán de bomberos no significa solamente acompañar espiritualmente. Significa estar presente, significa caminar junto al que sufre, fortalecer al que está cansado y entregar consuelo cuando las palabras ya no alcanzan. Y el Padre Jaime supo hacerlo con generosidad, con humanidad y con una profunda vocación de servicio”.
Desde el Centro Español de Temuco, donde también era Capellán, el Presidente Directivo, Sr. Fabián Viguera Figueroa enfatizó la manera en que el Presbítero Jaime se involucró en la vida de sus socios y familias, acompañándolos en sus momentos más complejos:
“Su labor fue mucho más allá de los actos oficiales, él eligió lo más difícil y valioso: involucrarse en la vida real de nuestras familias. Estuvo presente en las grandes alegrías, en matrimonios y oficios de muchas generaciones, y estuvo sobre todo en los días difíciles, ofreciendo su hombro y su palabra de consuelo a cada socio que lo necesitó, nunca preguntó si le correspondía, simplemente llegaba. (…) Con el Padre Jaime se nos va un amigo, un guía, pero no su legado. Sin lugar a dudas quedaron conversaciones pendientes, pero tenemos la certeza de que nos encontraremos en la Casa del Padre cuando llegue nuestra hora”.
También se hicieron presentes sus amigos del grupo Kanekas a través del Sr. Eduardo Sabugo Telechea quisieron recordar al sacerdote desde una dimensión más cotidiana y cercana, destacando su buen humor, su capacidad de acogida y su preocupación genuina por los demás:
“Su apostolado, su voluntad y su forma de acoger a las personas marcaron profundamente su labor sacerdotal. La comunidad de Temuco lo recibió, lo aceptó, lo abrazó y lo hizo parte de su vida, habiendo sido elegido ciudadano destacado de Temuco. Así llegó a nuestro grupo de amigos kanekas, que siendo un sacerdote, nos alegraba nuestros almuerzos, los simpáticos chistes, su buen humor y su grata conversación. (…) El padre fue alguien que se preocupó por el otro de una manera que pocas veces se ve. A quienes necesitaban consuelo, les llevaba esperanza; a los que sufrían les brindaba cercanía; a los que estaban en momentos difíciles les ofrecía un abrazo y una compañía que no se olvida”.
Santa Misa: una acción de gracias por su vida y ministerio
Posteriormente, la comunidad se reunió en torno a la Eucaristía para celebrar la Misa de Exequias presidida por el Obispo de Temuco, +Jorge Concha Cayuqueo, y concelebrada por el Pbro. José Manuel González Aguilera, Vicario General, junto al Pbro. Rodrigo Aguilar Gómez, Vicario Pastoral de la Diócesis San José de Temuco, acompañados por sacerdotes de distintas comunidades, diáconos y monaguillos.
Al comenzar la celebración, se presentaron tres signos que marcaron el inicio de la Misa: encendido del Cirio Pascual, “símbolo del cuerpo glorioso y resucitado de Cristo Jesús”; sobre el féretro, su estola y casulla, “que mientras presidía en tu nombre, la asamblea de los fieles, llevaba estas vestiduras de fiesta”; además del Evangeliario, signo de la misión de anunciar el Evangelio de Cristo en su vida.

En su homilía, el pastor diocesano recordó que para la fe cristiana, la muerte no tiene la última palabra, y que la despedida se transforma en una acción de gracias por su vida: “Cada vez que la hermana muerte nos visita en alguno de nuestros hermanos o hasta en la propia muerte, nada ni nadie, ni menos la muerte, nos puede separar del amor de Cristo. La despedida a un hermano se transforma en un acto de acción de gracias a Dios por haber sido parte de nuestra vida, por el bien que Dios nos hizo a través de él y también le pedimos perdón a Dios por los pecados o por lo que no hizo bien nuestro hermano en esta vida”.
Monseñor Jorge, relevó también el estrecho vínculo con el servicio bomberil del Presbítero: “Su compromiso con el Cuerpo de Bomberos es un capítulo del todo especial en su ministerio. Así como tenía vocación sacerdotal, también tenía una vocación al servicio de bomberos. O como decía el alcalde, quizá era una sola vocación de servicio, que lo vivía con distintas expresiones. El Cuerpo de Bomberos, últimamente la tercera compañía, era su familia, a quien amaba y servía. Como sacerdote administraba los sacramentos, acompañaba, animaba, prodigaba cercanía, amistad, alegría, servicio, daba orientación, consuelo a quien se lo pedía y buscaba solución a los problemas. Era un busquilla cuando se trataba de enfrentar problemas o los problemas de las personas, él ayudaba a salir adelante, y con facilidad ofrecía el saludo y una sonrisa acogedora”.
El Obispo invitó a agradecer a Dios por la vida del Padre Jaime y el valioso legado que deja en la comunidad, “por toda una vida entregada, le damos gracias a Dios por este hijo suyo, que lo llamó a ser su sacerdote”.

Tras la comunión, los sacerdotes presentes rodearon el féretro para acompañar un íntimo momento: la aspersión de agua, que recuerda el bautismo; y luego la incensación, que hace presente que el cuerpo del Padre fue templo del Espíritu.

El Padre Ariel Valdez, Fray Juan Carlos Venegas, Pbro. René Riquelme, Pbro. José Manuel González, Padre Sandro Leonelli y Pbro. Patricio Muñoz, llevaron el féretro desde el altar a la salida del templo Catedral entre aplausos de la comunidad, donde lo entregaron a la Tercera Compañía del Cuerpo de Bomberos, quienes lo trasladaron a la carroza fúnebre.

Un último adiós entre honores y la gran familia de Bomberos
Con una bomba a vapor y tirada por caballos, la carroza fúnebre escoltada por diez bomberos honorarios emprendió rumbo por las principales calles de la capital regional de La Araucanía hasta el Cementerio General.

Como parte del cortejo fúnebre, cientos de voluntarios de distintas Compañías del Cuerpo de Bomberos de Temuco y delegaciones de la Confederación de Compañías Chileno Alemanas de Bomberos acompañaron el recorrido en un desfile marcado por la solemnidad, y acompañando por la banda del Cuerpo de Bomberos de Temuco.

Al llegar al camposanto, se realizaron los discursos de despedida. El Director de la Tercera Compañía “Bomba Germania” de Bomberos, Jorge Valenzuela Aguilera y Armin Llanos López, Director Honorario Cuerpo de Bomberos Temuco dirigieron emotivas palabras a su legado; y el Padre José Manuel González, en representación de la comunidad católica y la familia, expresó que “Gracias nuevamente a cada uno de ustedes, gracias a sus bomberos, sus amigos y hermanos bomberos, especialmente de su tercera compañía, que más que amigo era su familia que lo acompañaba, lo cuidaba y animaba así como él lo hacía con cada uno de ustedes que lo hicieron sentir un padre, un hermano, un amigo. Que el Señor les bendiga y retribuya a ustedes el cariño que le tienen al padre Jaime y como dice San Pablo, observar todo y quedarse con lo bueno, y todo lo que hemos aprendido del padre jaime en nuestra vida, lo podemos llevar también al ejercicio, sobre todo el amor a Dios y el amor a los hermanos en los pequeños gestos del día a día”.

Tras un último desfile ante el ataúd para rendir honores, el Padre Jaime Villalobos fue sepultado en el Mausoleo del Cuerpo de Bomberos de Temuco junto a más fieles servidores.




































