Diócesis de Temuco

En Semana Santa, el encuentro sincero con Dios fortalece la vida



Con la celebración del Domingo de Ramos damos inicio a la Semana Santa, el tiempo más sagrado y profundo de nuestra fe. Contemplamos a Jesús que entra en Jerusalén entre cantos y ramos de alegría, pero también sabemos que ese camino lo conducirá hacia la cruz. Esta liturgia nos invita a reconocer que la vida cristiana está marcada por la esperanza, incluso en medio de las dificultades y del sufrimiento. Aclamamos al Señor con ramos en nuestras manos, pero sobre todo con el deseo sincero de abrirle el corazón y acompañarlo en su entrega por amor.

El Domingo de Ramos nos recuerda que seguir a Cristo no es sólo un gesto exterior, sino un compromiso interior. Jesús entra humildemente, montado en un burrito, mostrando que el verdadero poder es el del amor y el servicio. Así también nosotros estamos llamados a vivir esta Semana Santa con una actitud de sencillez, oración y cercanía hacia los demás, especialmente hacia quienes más necesitan consuelo y compañía.

Esta semana es una invitación a detenernos, a hacer silencio, a mirar nuestra vida a la luz del Evangelio. En medio de un mundo que muchas veces vive con prisa y tensión, no desechemos la oportunidad de volver a lo esencial de la vida; la oración, el perdón, la fraternidad nos encaminan a ello: cada uno, en su conciencia, al encuentro con Dios.

La oración no puede faltar, de varias formas, pero aquella en silencio, es la mejor. De ese encuentro con Dios, que sitúa a cada uno, que consuela y genera novedad. Nos dispone a acoger el don del perdón de Dios, hace posible el perdón a quienes tenemos que perdonar, siendo así una oportunidad para reconciliarnos con Dios y entre nosotros, fortaleciendo las relaciones con los demás, los lazos familiares y la solidaridad con quienes viven momentos difíciles.

No podemos olvidar a tantos hermanos y hermanas que sufren. Pensemos en los enfermos, en quienes viven  en soledad, en las familias que pierden seres queridos, los sufren o se angustian por las diversas formas de violencia, el agobio de los problemas económicos, quienes han perdido la esperanza. Que en esta Semana Santa, y ojalá en todo tiempo, no falte el espíritu y los gestos de solidaridad. El amor al prójimo es la expresión concreta de nuestra fe. 

De manera especial, elevemos nuestra oración por los pueblos que viven la tragedia de la guerra, por las víctimas de la violencia, en especial de los más frágiles. Que el Señor, inspire los corazones y las mentes de aquellos que tienen el poder de parar las guerras.

Pidamos al Señor que estos días santos renueven nuestra esperanza. Que acompañemos a Jesús desde su entrada en Jerusalén hasta la alegría de la Pascua, aprendiendo que la cruz no es el final, sino el camino hacia la vida nueva. Que la Virgen María nos ayude a vivir con fe profunda esta Semana Santa, para ser testigos del Evangelio en medio del mundo.

+ Jorge Concha Cayuqueo, O.F.M.
  Obispo de Temuco