Diócesis de Temuco

Hermanas de la Santa Cruz celebraron su fiesta patronal y 70 años de vida consagrada de dos de sus religiosas

La Congregación cumple 125 años en Chile, y 182 años desde su fundación en Suiza.

Una celebración marcada por la alegría y emotividad por un especial motivo de acción de gracias: los 70 años de vida consagrada de las hermanas María Bernarda y Teresa del Carmen.

En la capilla de la Casa Madre de la Congregación de las Hermanas de la Santa Cruz, se reunieron religiosas, sacerdotes, diáconos, autoridades académicas, familiares y miembros de la comunidad para celebrar la Eucaristía presidida por +Jorge Concha Cayuqueo, obispo de la Diócesis San José de Temuco, y concelebrada por +Francisco Javier Stegmeier, obispo de la Diócesis de Villarrica, junto al Pbro. Luis Barrientos, Pbro. Miguel Niculqueo, Pbro. Patricio Barriga y Pbro. Flaminio Quilaqueo, y el diácono José Eduardo Basly, el ceremoniero Nelson, y los monaguillos Fernando y Francisco.

En su homilía, monseñor Jorge Concha enfatizó sobre la espiritualidad de la Congregación que “El signo de la cruz habla de la salvación de Dios, don para todos nosotros. La Cruz es signo de su amor, de su entrega, de su liberación. (…) El Hijo de Dios dio su vida para que todos tengamos vida, porque Dios amó tanto al mundo que le entregó a su Hijo Único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna. Esta misión de Cristo la dejó a sus discípulos, es la misión de la Iglesia, es lo que seguramente tuvieron presente y lo quisieron así la Madre Bernarda y el Padre Teodosio, junto con las demás fundadoras, en especial la hermana Feliciana, cuando deciden darle vida a una nueva fundación en el año 1845 en Menzingen, Suiza, con el nombre de hermanas maestras de la Santa Cruz”.

“En esta Eucaristía hay dos testimonios de esta entrega al hijo de Dios que vino a dar su vida para el rescate de muchos, al morir en el madero de la cruz. Estas hermanas que hoy cumplen 70 años de vida religiosa por lo que nos alegramos, damos gracias a Dios y ellas mismas una vez más se ofrecen al Señor”, dijo el pastor diocesano de Temuco.

Al término de la homilía, las hermanas María Bernarda y Teresa del Carmen renovaron sus votos de castidad, de obediencia y pobreza. “Señor mío Jesucristo, en quien creo y espero, fortaléceme en el amor para poder ser fiel en tu seguimiento hasta la muerte”, dijeron las hermanas al unísono.

En uno de los momentos de especial emoción, la hermana María Bernarda expresó su acción de gracias por su vida religiosa con especial mención a sus padres y sacerdotes amigos, “Gracias Señor por haberme dado unos padres, que con su palabra y su ejemplo me hicieron conocerte desde muy pequeña. Gracias por el llamado a la vida religiosa y por haberme guiado a consagrarme en esta familia religiosa de las hermanas de la Santa Cruz. De una manera especial, te agradezco Señor, por cada sacerdote que colocaste en mi camino, cuya cercanía, guía y consejos me ayudaron a permanecer fiel a esta vocación”.

Monseñor Francisco Javier Stegmeier, Obispo de Villarrica, destacó la labor educativa de las Hermanas de la Santa Cruz a lo largo del tiempo, “muchas generaciones se han formado con ustedes, uno se da cuenta cómo los frutos se han dado… Todavía conocemos a tantas mujeres, ya mayores que se acuerdan de su paso por el colegio de ustedes y a la vez justamente lo que significó haber sido educadas con las hermanas o monjitas, dicen ellas, porque experimentaron la cercanía del Señor y también especialmente la esencia de María Santísima”.

Además, +Stegmeier enfatizó que “La Virgen María es para cada religiosa un ideal de vida, una inspiración, es un estímulo para ser siempre más y más fieles a los votos por los cuales ustedes entregan completamente al Señor como esposas de este buen esposo, y también entregarse a tantas personas que necesitan justamente del amor del Señor y también de esta presencia amorosa de María Santísima”.

Por su parte, la Superiora, Hermana Gloria Poblete expresó sobre esta celebración que “todos los años es renovarse, hemos tenido un encuentro primero con las hermanas, donde hemos podido compartir el tema de si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da fruta, que resulta en cuál es la misión que el Señor nos sigue pidiendo hoy a pesar de la edad, a pesar de que no tenemos vocaciones, seguir creyendo, siempre alzar la mirada en Jesús en la cruz, y ya nos sentimos amadas y esperanzadas”.