Diócesis de Temuco

Institución de Lectores y Acólitos, para nuestra Iglesia Diocesana

La Santa Misa fue presidida por monseñor Jorge Concha Cayuqueo, obispo diocesano, en el marco de la vigilia de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo.

En la celebración, tras la proclamación del Evangelio, se llevó a cabo el rito de institución, instancia donde el presbítero Patricio Trujillo, director de la Escuela del Diaconado Permanente, presentó ante el obispo a los candidatos, llamados a recibir estos ministerios en su camino de discernimiento y servicio eclesial.

Durante su homilía, monseñor Jorge Concha Cayuqueo,  destacó el significado de estos ministerios, como pasos importantes en la disposición del corazón de los futuros diáconos con Cristo. Subrayó que el ministerio del lectorado los llama a ser anunciadores fieles de la Palabra de Dios, y el del acolitado, a servir con reverencia en el altar, asistiendo al sacerdote y acercándose con amor al misterio eucarístico.

Posteriormente, los candidatos al lectorado se arrodillaron para recibir la bendición del obispo, quien les entregó el libro de las Sagradas Escrituras, signo del ministerio que asumen. Luego, tuvo lugar el rito de institución del acolitado, en el que los nuevos acólitos recibieron la patena con el pan, como signo de su misión al servicio del altar y del Pueblo de Dios.

Los candidatos estuvieron acompañados por sus familias, sacerdotes formadores y comunidades parroquiales, quienes vivieron esta celebración con gran emoción y gratitud, conscientes del llamado que Dios hace a estos hermanos para servir con generosidad en la Iglesia.

Los candidatos al diaconado permanente, que recibieron los ministerios son

– Don Andrés Ulises Venegas Cárdenas, de la parroquia Los Santos Ángeles Custodios de Los Sauces.

– Don Christian Alfonso Torres Lagos, de la parroquia Sagrado Corazón de Victoria.

– Don Hugo Andrés Henríquez Zambrano, de la parroquia Inmaculada Concepción de Angol.

– Don Jorge Mauricio Béniz Corrales, de la parroquia Jesús de la Misericordia de Labranza.

– Don Jorge Luis Muñoz Arévalo, de la parroquia San Buenaventura de Angol.

– Don Nelson Iván Ormeño Leal, de la parroquia San Buenaventura de Angol.

– Don Jorge Rafael Rojas Figueroa, de la parroquia San Juan Bautista de Temuco.

– Don Manuel Alejandro Espinoza Torres, de la parroquia San Juan Bautista de Temuco.

– Don Rodrigo Alejandro González Seguel, de la parroquia Cristo Rey de Angol.

– Don Rodrigo Gabriel Iturra Troncoso, de la parroquia San Juan Pablo II de Pillanlelbun-Cajón.

Al respecto, el Pbro. Patricio Trujillo, menciona que: “El 15 de febrero del año 2020, el Equipo de Formación de la Diócesis San José de Temuco, conformado por tres Diáconos Permanentes y tres Sacerdotes, se reunió, por primera vez, con un grupo de 31 hermanos, que fueron enviados de las diversas Parroquias, de los cinco Decanatos de nuestra Diócesis, para comenzar su formación en la Escuela del Diaconado Permanente”. Plantea que: ” La idea era retomar los encuentros en marzo, pero llegó la pandemia, por lo que el grupo empezó a reunirse, en forma telemática, cada 15 días”.

Aproximadamente, después de un año de la pandemia, comenzaron a reunirse en forma presencial, en la medida de lo posible, en salas de la Universidad Católica de Temuco, con la participación, igualmente, de las esposas de los candidatos. Luego, siguió el proceso en la Casa Madre de las Hermanas de la Santa Cruz, del Cerro Nielol.

Actualmente, son 10 los candidatos que continúan su formación hacia el Diaconado Permanente, hermanos que recibieron, de manos de nuestro Obispo Diocesano, Monseñor Jorge Concha Cayuqueo, los Ministerios Menores del Lectorado y del Acolitado, como paso previo a la Ordenación Diaconal.

El Padre Trujillo, expresó: ” Damos gracias a Dios, por la bendición que significa, para la Iglesia, la vocación de estos hermanos, invitamos a la comunidad cristiana a rogar por ellos, sus esposas y sus familias, para que perseveren en este camino de donación que, por gracia de Dios, han emprendido. Dios que comenzó en ellos esta obra buena, Él mismo la lleve a término”.

Don Jorge Mauricio Béniz Corrales, de la parroquia Jesús de la Misericordia de Labranza

“Quisiera compartir la experiencia que hemos vivido como familia en este proceso de discernimiento, camino hacia el diaconado, en lo personal siento muchas emociones, felicidad, alegría, ansiedad y temor. Lo recuerdo como si fuera ayer cuando comenzó este camino, fue en el año 2019, cuando don Guillermo y don Víctor, diáconos de nuestra Parroquia, en conjunto de nuestro Párroco Fray Rodrigo, me invitan a participar de este proceso, el cual después de hablar junto a mi esposa Claudia, aceptamos este llamado de Dios; durante estos años de preparación ha sido clave el apoyo de mi esposa Claudia, mi hija Catita, mis padres, mi CEB Jesús de Emaús y la Parroquia Jesús de la Misericordia. Agradezco a Dios por todo lo que nos entrega, porque es solo por su Gracia que lo podemos recibir.”

Don Hugo Andrés Henríquez Zambrano, de la parroquia Inmaculada Concepción de Angol

” Han sido años intensos, de mucho aprendizaje, de crecimiento interior, de silencios, preguntas, certezas y sobre todo de mucha gracia de Dios. Este tiempo en la Escuela del Diaconado Permanente, ha sido un regalo que no puedo pagar. Me ha ayudado a descubrir más profundamente el llamado del Señor y a abrir el corazón a su voluntad.

Quiero dar gracias a nuestra Iglesia diocesana, especialmente a nuestro obispo, monseñor Jorge, por haber confiado en mí y por haberme dado este regalo tan inmerecido como son los ministerios del lectorado y del acolitado. Siento que es un paso muy importante en este camino hacia el diaconado permanente, y lo recibo con humildad y con un gran sentido de responsabilidad.

Agradezco también de corazón a la Escuela de Diáconos, al padre Patricio Trujillo, a los profesores y formadores que nos han acompañado con tanta dedicación. Gracias por su tiempo, por su entrega, por cada palabra, consejo, corrección y enseñanza. Han sido verdaderos instrumentos de Dios.

No puedo dejar de agradecer a mi familia, que ha sido mi sostén en este camino. Y especialmente a mi esposa, Judith Andrea Guzmán Romero, que ha estado a mi lado en cada momento. Ella ha sido mi apoyo constante, mi cable a tierra, quién ha creído en este llamado conmigo y me ha animado a seguir, incluso cuando el cansancio o las dudas aparecían.

Hoy me siento llamado a vivir estos ministerios con todo lo que soy, poniéndolos al servicio de la Iglesia y de mis hermanos, con sencillez y con el deseo de servir, no de destacar. No soy más que un servidor, alguien que camina junto a los demás, tratando de ser fiel al Evangelio.

Simplemente, gracias a Dios. Gracias por lo vivido, por lo que viene, y por seguir confiando en mí. Solo espero poder responder con fidelidad, con un corazón disponible y con los pies bien puestos en el suelo, para ser un servidor de todos”.

Don Manuel Alejandro Espinoza Torres, de la parroquia San Juan Bautista de Temuco

Manuel Espinoza divide su vida entre la familia que formó junto a su esposa y dos hijas, su trabajo como abogado y su labor pastoral, habiendo desempeñado diversos servicios y pronto a ser diácono, tres aristas que se complementan y lo hacen gozar plenamente de la vida.

“Me gusta compatibilizar el ser abogado con la parte espiritual del diaconado, ambos tienen algo en común, que es el servicio a la persona que pasa un momento complicado, es una ayuda al prójimo. La diferencia es que en uno pagan acá y el otro será recompensado en el cielo”

Manuel relata que incluso en los tribunales ya lo conocen como “el cura” y que le creen lo que plantea porque “tienen a Jesús de copiloto”.

Manuel considera que haber pasado por la formación en la Diócesis y la Escuela del diaconado, lo han marcado fuertemente en su vida, ya que “las herramientas que obtuve en esos seis años me transformaron como persona y gracias a eso, soy el ser humano que soy hoy”, puntualiza.

“Yo despierto contento todos los días, agradezco al Señor la posibilidad de tener trabajo, comida, familia. Cuando se hace ese ejercicio pequeño de 30 segundos cada mañana, la vida cambia totalmente. Cuando uno siente pasión por lo que hace, todo fluye. Si lo que uno hace es una carga y no te hace levantarte con energía, todo es cuesta arriba”, finaliza.


Don Jorge Luis Muñoz Arévalo, de la parroquia San Buenaventura de Angol

“Llegar a la ceremonia de recepción de los ministerios menores, lectorado y acolitado, para mí representa y confirma el amor inconmensurable de Dios para con mi persona. Este Dios que me llamó y me ha sostenido durante todo el periodo de la formación para el diaconado permanente.

Veo cómo Dios me ha ido moldeando a través del camino. Un hijo de Él, tan vulnerable y con tanta imperfección aun por corregir, más, a pesar de mí, Él me continúa diciéndome: “Ven y sígueme”. La verdad que ese misterio me estremece por mi falta de comprensión; pero también, una vez más, soy testigo de la gran misericordia del Señor para con sus hijos, quien Él va llamando, misterio no comprendido a razón humana, sino sólo en la gracia de la fe.

Durante estos años de formación tuve el placer de conocer a muchos hermanos, algunos de los cuales fueron quedando en el camino, pero que a mí no me corresponde cuestionar, solo agradecer a todos ellos, lo mismo que a cada uno de los formadores en la escuela del diaconado; como también pedir perdón en aquellos momentos en que no estuve a la altura para con ellos. Tampoco puedo dejar de agradecer el acompañamiento de mis párrocos y acompañantes espirituales que he tenido durante el proceso, permitiéndome todas las facilidades de participar junto a ellos en actividades parroquiales y en el altar, para así que el Señor fuera moldeando en mí ese frágil molde de barro. Por último, agradecer a mis hijos, amigos y hermanos de mi comunidad parroquial, quienes han perseverado en la oración discreta y silente para que Dios vaya construyendo su obra en mí.

Ya, a tan corta distancia del momento de la ordenación al diaconado permanente, mi pensamiento y mi actuar es como el primer día que comenzó este viaje de amor: “Señor, que sea tu voluntad. Si bien Tú me llamaste por mi nombre y yo respondí que sí, que se mantenga aquello hasta el final, pues reafirmó la plena confianza en tu voluntad y no en lo que yo quiera”.

Un abrazo y una oración en recuerdo a mis padres que ya fueron llamados por Dios, mas, estoy cierto que ellos desde donde están deben estar sintiendo el mismo gozo humilde que una vez me enseñaron y que, gracias a Él, aún conservo como norte de vida”.

Don Rodrigo Gabriel Iturra Troncoso, de la parroquia San Juan Pablo II de Pillanlelbun-Cajón

” Realmente pensando en este día, recibo con profundo agradecimiento y humildad,  los ministerios del lectorado y acolitado. Este momento marca un paso muy importante en nuestro camino hacia el diaconado permanente, sirviendo al Señor y a su Iglesia.
Como lector, aceptaré con respeto la tarea de proclamar la Palabra de Dios, consciente de que no son solo palabras, sino vida para quienes la escuchan. También me comprometeré  a dejar que esa Palabra transforme primero mi corazón, para que luego pueda llegar a los demás con una verdadera autenticidad y fervor.
Como acólito, me dispondré  a servir con respeto y amor en el altar, asistiendo al sacerdote y al diácono en la liturgia. Que mi servicio sea discreto, fiel y alegre, reflejo de Aquel que “no vino a ser servido, sino a servir”.
Agradezco a Dios que por su Gracia y sin mérito alguno me ha llamado, al padre Jaime Villalobos, a mis formadores y hermanos por su acompañamiento, a mi familia, a aquellos que ya no están con nosotros  y a mi comunidad por sus oraciones. Pido al Espí­ritu Santo que me guí­e, y a la Virgen Marí­a, modelo de entrega silenciosa, que interceda por mí­, para que pueda vivir estos ministerios con fe, amor y entrega total.

No olvidemos las palabras de nuestro santo patrono San Juan Pablo II, “buscad a Cristo mirad a Cristo vivid en Cristo”.

Don Jorge Rafael Rojas Figueroa, de la parroquia San Juan Bautista de Temuco

“Quisiera dar gracias a Dios por esta maravillosa instancia de mi vida de recibir estos ministerios, dar gracias a nuestro obispo Jorge,  por aceptarme,  a mis formadores,  al padre Patricio nuestro director, al padre Carlitos Hernández, al padre José Manuel, el padre Jorge y en los diáconos Marcelo, Guillermo y Juan Carlos, que gracias a ellos he aprendido mucho.

Quisiera dar las gracias a Dios, infinitamente a nuestro Señor y a mi familia, a mi querida esposa, hijos, nieta, a mi grupo familiar, que es un apoyo incondicional. Gracias también a mis compañeros de curso, por su valentía, coraje, perseverancia, hombres común y corriente, como todos nosotros, pero que tenemos una sola mirada, que es servir a nuestro Señor.

El Señor jamás me ha dejado, quiero servirle con toda mi fuerza y estoy feliz de recibir estos ministerios que son para toda la vida, estoy muy pero muy feliz. Espero ser luz en la oscuridad, espero poner la sal cuando esté sin sabor y quiero decir que nuestro Señor no se equivoca, ni se arrepiente”.

Como Iglesia Diocesana, nos unimos en oración por estos hermanos, que Dios los bendiga.