Diócesis de Temuco

La esperanza que nace



En este cuarto domingo de Adviento, la liturgia nos sitúa ya a las puertas del gran misterio de la Navidad. El tiempo de espera confiada va llegando a su plenitud  y la invitación es a disponer el corazón para acoger el don más grande que Dios nos hace, su Hijo, nacido para nuestra salvación.

El Evangelio según san Mateo (1, 18-24) nos presenta un relato profundamente humano y, a su vez, lleno de la acción silenciosa y poderosa de Dios. José, varón justo, se ve enfrentado a una situación que no comprende plenamente, pero en medio de la incertidumbre, abre su corazón a la voluntad del Señor. En sueños, el ángel del Señor le anuncia que María concebirá por obra del Espíritu Santo y dará a luz un Hijo, a quien pondrá por nombre Jesús. Y así se cumple la antigua promesa, La Virgen concebirá y dará a luz un hijo y lo llamarán Emmanuel, que significa Dios con nosotros, Aleluya.

Este nombre encierra el corazón mismo de la Navidad. Dios no se queda lejos del dolor, de las búsquedas ni de las esperanzas de la humanidad. Dios se hace cercano, camina con su pueblo, entra en nuestra historia y la transforma desde dentro. En Jesús, Dios se hace presencia viva de amor, unidad y paz.

En este Adviento, se nos invita a vivir la espera no desde la ansiedad, sino desde la fe; no desde el ruido, sino desde el silencio que acoge; no desde el individualismo, sino desde la comunión. La Navidad nos llama a reencontrarnos como hermanos, a sanar vínculos, a volver a lo esencial, el amor que se entrega y se hace servicio.

Este tiempo adquiere un significado aún más profundo al encontrarnos culminando un Año Jubilar, que ha sido una verdadera experiencia de gracia para nuestra Iglesia diocesana. Hemos caminado juntos, agradeciendo, reconciliándonos y renovando la esperanza. Por ello, quiero invitar cordialmente a toda la comunidad diocesana a participar en la Santa Misa de clausura del Año Jubilar, que celebraremos el viernes 27 de diciembre, a las 11:00 horas, en la Catedral de Temuco. Será un momento para dar gracias por lo vivido, encomendar el nuevo año que se acerca y renovar nuestra confianza en el Señor que viene a habitar entre nosotros.

Que María y José nos enseñen a esperar con fe, que el Niño Dios nazca en nuestros corazones y nos conceda un nuevo tiempo de reflexión, unidad y regocijo.

Mons. Jorge Concha Cayuqueo,Obispo Diócesis San José de Temuco