Diócesis de Temuco

La Iglesia diocesana se reúne en torno a su Pastor en Misa Crismal

Cientos de fieles provenientes de los decanatos de Angol, Imperial, Victoria, Temuco Norte y Temuco Sur, se congregaron para participar en esta significativa Eucaristía, expresión profunda de la comunión eclesial. En ella, el Pueblo de Dios se reunió en torno al obispo y a sus sacerdotes, manifestando visiblemente la unidad de la Iglesia diocesana.

La celebración fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Jorge Concha Cayuqueo, O.F.M., acompañado por sacerdotes y diáconos.

Antes de iniciar su homilía, el obispo agradeció la presencia de los asistentes, muchos de los cuales viajaron largas distancias para participar:“Gracias por este sacrificio; que Dios se los retribuya”, expresó, recordando además que la comunión eclesial implica entrega concreta y generosidad, tal como se reflexionó previamente en el retiro del clero.

UNA CELEBRACIÓN QUE NOS REMITE A CRISTO, EL UNGIDO

En su homilía, el obispo destacó el carácter único de esta celebración dentro de la Semana Santa: “Esta es una Misa muy particular para los cristianos. Damos gracias a Dios Padre por su Hijo Jesucristo, que fue ungido plenamente por el Espíritu Santo”.

La Misa Crismal pone en el centro a Cristo, el Ungido del Padre, de quien brota toda vida sacramental y misión en la Iglesia. En este contexto, el obispo subrayó el signo de unidad que se vive en esta celebración: “En este día el obispo se reúne con los sacerdotes de su diócesis, y junto a los fieles renuevan sus promesas sacerdotales. Con ello se expresa la unidad de los sacerdotes con su obispo, todos al servicio del Pueblo de Dios”.

EL SIGNIFICADO DE LOS SANTOS ÓLEOS EN LA VIDA CRISTIANA

Uno de los momentos más significativos de esta celebración es la bendición de los santos óleos, signos visibles de la gracia de Dios que acompañan la vida de los fieles en distintos momentos.

El obispo explicó su profundo sentido: “Se consagra el Santo Crisma, que se utiliza en el Bautismo, la Confirmación y el sacramento del Orden, así como en la consagración de altares y templos. También se bendicen el óleo de los enfermos y el de los catecúmenos”.

A través de estos signos, la Iglesia hace presente a Cristo que sana, fortalece y consagra: “Cristo, el Ungido, está en el centro de la comunidad, acompañando, dando vida y esperanza”.

PRESENTACIÓN DE LOS ÓLEOS

Durante el ofertorio se realizó la presentación de los santos óleos, en un gesto cargado de simbolismo, se llevaron al altar estos signos de la gracia de Dios.

El diácono Roberto Poveda, presentó el óleo de los catecúmenos, utilizado para fortalecer a quienes se preparan para el Bautismo, ayudándolos a enfrentar las exigencias de la vida cristiana.

Luego, el diácono Rodrigo González,  llevó el óleo de los enfermos, signo del consuelo de Dios para quienes sufren en el cuerpo o en el espíritu, especialmente en momentos de enfermedad o fragilidad.

Finalmente, el diácono Luis Obreque, presentó el Santo Crisma, óleo perfumado con el cual son ungidos los bautizados, confirmados, sacerdotes y obispos, y que también se utiliza en la dedicación de iglesias y altares.

CARIDAD PASTORAL Y COMUNIÓN

En su homilía, el obispo profundizó en la identidad del sacerdote, destacando que su vocación se fundamenta en la caridad pastoral y en la comunión: “La identidad del sacerdote radica en su condición de pastor, y su espiritualidad tiene como elemento clave la caridad pastoral”.

Asimismo, enfatizó que la comunión no es una simple estrategia organizativa, sino una exigencia del seguimiento de Cristo:“La comunión es expresión de la configuración con el Maestro, promueve la cultura del encuentro y no es mera estrategia pastoral. A su servicio hay que poner generosidad”.

Y agregó que esta comunión encuentra su fuente en la relación viva con el Señor: “Lo que sustenta la caridad pastoral es la comunión con el Señor”.

EL ENCUENTRO CON JESÚS TRANSFORMA LA VIDA

El obispo también invitó a contemplar el llamado de los discípulos, recordando que el seguimiento de Jesús implica una transformación profunda:“No es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo; no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas”.

Explicó que este encuentro genera un antes y un después en la vida de las personas, marcando decisiones, renuncias y una nueva forma de vivir.

En esta línea, subrayó que la evangelización nace de una experiencia personal:“La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido”.

Y añadió con fuerza:“El verdadero misionero sabe que Jesús camina con él, trabaja con él. Si no lo descubre presente, pierde el entusiasmo y la pasión”.

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS SACERDOTALES

Tras la homilía, los sacerdotes renovaron solemnemente sus promesas sacerdotales, reafirmando su fidelidad a Cristo y su compromiso de servicio al Pueblo de Dios.

La comunidad fue invitada a orar por ellos, reconociendo su misión y acompañándolos en su vocación. En un gesto fraterno, el obispo saludó personalmente a cada sacerdote, fortaleciendo así los vínculos de comunión.

BENDICIÓN DE LOS ÓLEOS

En uno de los momentos más significativos de la celebración, el obispo procedió a la bendición de los óleos.

Primero bendijo el óleo de los enfermos, destacando que a través de él la Iglesia hace presente el consuelo de Cristo para quienes sufren. Luego bendijo el óleo de los catecúmenos.

Finalmente, consagró el Santo Crisma, invitando a la asamblea a orar:“Pidamos a Dios Padre Todopoderoso que bendiga y santifique este Crisma, para que quienes sean ungidos externamente reciban también esta unción interior y sean dignos de la redención”.

En un gesto lleno de simbolismo, el obispo sopló sobre el óleo, mientras los sacerdotes extendieron sus manos hacia el Crisma, en un clima de profundo silencio y oración.

RENOVAR LA FE Y LA ESPERANZA

Al concluir la celebración, el obispo agradeció la participación de todos los presentes, destacando el testimonio de fe de la comunidad y se brindó un aplauso a los sacerdotes.

Asimismo, invitó a elevar una oración por la paz y por las situaciones de violencia en el país, uniéndose como Iglesia en una súplica confiada.