Diócesis de Temuco

La salvación brota del corazón generoso de Dios

Con la parábola de los trabajadores de la viña de domingo (Mateo 19,30 -20,16) Jesús transmite una enseñanza fundamental para acercarnos a la comprensión de Dios que a través suyo se nos revela y que muchas veces es muy diferente a la lógica humana. Es una comprensión que es muy importante también porque marca la rotunda diferencia entre la fe del antiguo pueblo de Dios y la fe cristiana. El pensamiento mercantilista y su lógica no sólo se aplican a las relaciones sociales y económicas, entre los semejantes, sino que se aplica también a la comprensión que tenemos de Dios en su relación con nosotros mismos, en el “negocio de la salvación”. 

La parábola de los trabajadores de la viña muestra a un propietario que sale a distintas horas del día a contratar trabajadores. Algunos comienzan su jornada desde temprano; otros llegan cuando ya queda poco tiempo. Sin embargo, al momento de recibir la paga, todos reciben lo mismo. La reacción de quienes trabajaron durante más horas es de molestia: consideran injusto recibir lo mismo que aquellos que apenas han trabajado.

Porque para un judío, y el Evangelio está situado en un diálogo de Jesús con judíos observantes, la salvación se recibe como una recompensa, un salario, que él se ha ganado por el cumplimiento de una ley. En el evangelio el dueño de la viña, le dice a los que protestan porque les parece injusto su proceder les parece injusto: acaso yo, que soy el dueño – Dios -, ¿no puedo hacer lo que quiero con lo que es mío – la salvación? Además, él cumplía con el acuerdo, con el salario convenido. 

Para un cristiano la salvación supera infinitamente todo esfuerzo humano y no podrá ser nunca merecida por el ser humano. La salvación del género humano fue merecida por el Hijo de Dios, que se hizo hombre y ofreció su vida en el sacrificio de la Cruz. Se da a los que verdaderamente creen en Cristo (cfr. Rom 3, 28). Es puro don, como el denario no merecido que fue dado a los obreros de la última hora. Pero igualmente esa fe que cada uno dice tener, también don de Dios, se demuestra con las obras, testimonio de esa fe (cfr. Santiago 2, 17 – 18). 

A la viña del Señor, él siempre está invitando a participar, a trabajar con los talentos y capacidades que cada tiene; y así como él vino a servir hasta dar su vida por todos, también todos somos invitados a servir y a dar lo mejor que podamos a los demás. Así damos testimonio de nuestra amistad e intimidad con el Dios amor.

+Jorge Concha Cayuqueo