Diócesis de Temuco

María, Madre que nos reúne en la oración y la solidaridad

Cada año, los 11 de febrero, la celebración de Nuestra Señora de Lourdes nos invita a detenernos y volver el corazón a lo esencial: la oración confiada, la fe sencilla y la solidaridad fraterna. En Lourdes, María se manifiesta como Madre cercana, que escucha el clamor de sus hijos, especialmente de los más frágiles, enfermos y necesitados de esperanza.

María es la Madre de Nuestro Señor Jesucristo y, por voluntad de Dios, también es Madre nuestra. Ella acoge, acompaña y protege a todos sus hijos sin distinción. En su vida descubrimos una fe profunda, silenciosa y obediente al proyecto de Dios. Como nos recuerda el Evangelio: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). En esa entrega total encontramos un modelo para nuestra propia vida cristiana.

La devoción a Nuestra Señora de Lourdes nos llama a profundizar en la oración, no como un acto aislado, sino como una actitud permanente del corazón. Orar es abrirnos a la presencia de Dios, es dejarnos sostener por María cuando el camino se vuelve difícil, cuando la enfermedad, el dolor o la incertidumbre golpean nuestra vida personal y comunitaria.

Pero esta celebración también nos interpela a vivir la solidaridad. Somos hermanos y hermanas, miembros de una misma familia humana. No podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento del otro. María, como buena Madre, nos enseña a mirar con compasión y a actuar con amor. La Sagrada Escritura nos recuerda: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y de verdad” (1 Jn 3,18).

Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de Lourdes, que proteja a nuestras familias, a los enfermos, a quienes sufren soledad y pobreza. Que ella nos cubra con su manto maternal y nos ayude a ser una Iglesia más orante, más fraterna y más solidaria, fiel al Evangelio de su Hijo Jesucristo.

+ Monseñor Jorge Concha Cayuqueo, Obispo Diócesis San José de Temuco