Diócesis de Temuco

Peruanos celebraron su patria con fe, gratitud y esperanza en la Catedral

El saludo y cercanía del pastor diocesano

Antes del inicio de la celebración, el obispo diocesano, monseñor Jorge Concha Cayuqueo, OFM, quiso hacerse presente para saludar a la comunidad peruana reunida en la Catedral de Temuco. Agradeció la amplia convocatoria y la participación de las familias, animándolos a seguir fortaleciendo estos espacios de encuentro, fe y fraternidad. Asimismo, les expresó sus cordiales saludos con motivo del Día Nacional del Perú, invitándolos a dar gracias por su patria y a orar por sus familias, tanto las que permanecen en el Perú como las que hoy han construido su vida en Chile. También agradeció la valiosa presencia de la comunidad peruana en nuestro país y el significativo aporte que realizan a la vida social, cultural y eclesial. En sus palabras, destacó: “Quien deja su tierra llevando en el corazón la fe, la esperanza y el amor por su pueblo, enriquece también la tierra que lo acoge, construyendo puentes de fraternidad y sembrando esperanza allí donde vive.”

Una Eucaristía para agradecer el camino recorrido y encomendar el futuro de su pueblo

En un ambiente de profunda emoción y gratitud, la comunidad peruana residente en la diócesis se congregó el domingo 26 de julio en el Templo Catedral de la diócesis San José de Temuco, para celebrar la Santa Eucaristía con motivo del Día Nacional del Perú, conmemorando los 205 años de la Independencia de su patria, que se celebra cada 28 de julio.

La celebración, presidida por el padre José Manuel González, vicario general, comenzó con una oración especial “por el progreso de los pueblos”, invitando a los presentes a dar gracias a Dios por la vida, por sus familias y por el camino recorrido, sin dejar de encomendar el presente y el futuro de su nación.

Uno de los momentos más significativos de la celebración fue cuando el padre José Manuel preguntó a los asistentes de qué lugar del Perú provenían. Desde distintos rincones del templo comenzaron a escucharse con orgullo nombres que despertaron recuerdos y emociones: Lima, Arequipa, Trujillo, Chiclayo, Piura, Cusco, entre otras ciudades. Cada respuesta evocó la tierra natal, las familias, las amistades y las historias que siguen vivas en el corazón de quienes un día emprendieron un nuevo camino lejos de su país.

Inspirado en el Evangelio del día, el sacerdote invitó a reflexionar sobre el verdadero tesoro que cada persona guarda en su corazón. Recordó que muchos dejaron atrás su tierra, sus costumbres y afectos para buscar nuevas oportunidades y un mejor porvenir para sus seres queridos. Sin embargo, destacó que las raíces nunca se pierden cuando permanecen vivas en la memoria, en la fe y en el amor por la propia historia.

“Ustedes dejaron algo valioso para alcanzar un bien mayor, buscando una vida mejor para sus familias. Pero allí donde está nuestro tesoro, también permanece nuestro corazón”, expresó, invitándolos a reconocer que el mayor patrimonio que conservan es su identidad, su fe y los vínculos que los unen a su pueblo.

Construir comunidad sin olvidar las raíces

Durante su homilía, el vicario general animó a la comunidad peruana a seguir construyendo una sociedad más fraterna desde los dones que cada uno posee, poniendo al servicio de los demás la solidaridad, la caridad y la disposición para ayudar a quien más lo necesita.

Asimismo, los invitó a mantener siempre vivo el amor por su patria, orando por el Perú, por sus familias y por todas las personas que permanecen en su tierra natal. Les recordó la importancia de no olvidar sus raíces, sus tradiciones y los valores que recibieron de sus mayores, pues son un tesoro que los acompaña allí donde se encuentren.

Finalmente, elevó una oración para que el Señor conceda a cada uno un corazón comprensivo, misericordioso y dócil, capaz de discernir el bien, acoger al prójimo y vivir la fe con alegría y esperanza. Encomendó especialmente al pueblo peruano a la protección de Dios, pidiendo abundantes bendiciones para su patria y para todos sus hijos, tanto quienes permanecen en el Perú como aquellos que hoy construyen su vida lejos de él, llevando siempre consigo el orgullo de sus orígenes y la riqueza de su fe.