En un Chile marcado por la incertidumbre, los obispos hemos querido ofrecer una palabra que nazca desde la fe y se proyecte hacia el bien común. El mensaje conclusivo de nuestra 132 ° Asamblea Plenaria, es una invitación a mirar de frente los desafíos actuales de nuestra patria, pero sobre todo, a hacerlo con la firme convicción de que estamos llamados a ser signos de esperanza para todos.
Vivimos un tiempo donde la confusión, el cansancio social y las desconfianzas se han vuelto parte del paisaje cotidiano. Los acontecimientos de los últimos años —con su crisis política, social, económica y ética— dejaron heridas profundas que aún necesitan reparación. Por eso, en este mensaje los obispos insistimos en la urgencia de superar el malestar social reconstruyendo las confianzas, pues sin confianza no hay proyecto de país que pueda sostenerse. Reconstruir confianzas es escucharnos, volver a mirarnos como hermanos y recuperar el sentido de comunidad.
En este domingo 16 de noviembre, cuando Chile vive un nuevo proceso electoral, queremos alentar a todos a ejercer su derecho y deber cívico con responsabilidad. Invitamos a un discernimiento sereno, capaz de valorar y fortalecer la democracia, entendida como un pacto de respeto mutuo y participación consciente.
Este llamado brota de una convicción profunda: nuestra esperanza cristiana no es ingenua, sino un don que sostiene, anima y orienta. La fe nos recuerda que Dios no abandona la historia, sino que está presente en medio de su pueblo, inspirando gestos de paz, diálogo y fraternidad. Desde esa luz, reiteramos la defensa incondicional de la dignidad humana, especialmente en todo lo que concierne al valor sagrado de la vida.
Asimismo, reafirmamos que los pobres deben estar en el centro. Nuestra sociedad no puede avanzar si sigue relegando a quienes cargan con el peso del sufrimiento y la desigualdad. En el rostro herido de los pobres se revela el dolor de los inocentes y también la voz de Cristo, que nos llama a la compasión y la justicia.
Hoy, como Iglesia, queremos caminar junto al pueblo de Chile. Los desafíos son grandes, pero también lo es nuestro deseo de que, unidos, podamos ser signos de esperanza en medio de un país que anhela verdad, justicia y fraternidad.
Que el Señor de la vida y la Virgen del Carmen nos acompañen para construir, entre todos, un Chile más humano, más bueno y más fraterno.
+Jorge Concha Cayuqueo, obispo Diócesis San José de Temuco











