Nuestra Patria conmemora 216 años del inicio de su proceso de Independencia, una historia que habla de libertad, esfuerzo, sacrificio y del anhelo de construir una nación soberana. Chile un país hermoso que poseer una diversidad extraordinaria, con matices y contrastes, también en lo social. En esta celebración caben todos los que habitan de esta tierra, quienes nacimos en aquí y quienes han llegado de otros lugares para hacer aquí sus vidas. Todos formamos parte de esta patria diversa, de historias compartidas y con un destino común. Pero, esta pertenencia a todos nos impone una responsabilidad: una patria que se agradece debe ser una patria que se cuida, especialmente a quienes más lo necesitan.
La trágica noche del viernes 11 de septiembre, un incendio dejó a 16 personas fallecidas en un hogar de adultos mayores en nuestra región, en comuna de Pitrufquén. Un hecho que nos enfrenta a una realidad que no puede ser ignorada.
Nos unimos en oración por quienes perdieron la vida y por su eterno descanso en la casa del Padre Dios, también acompañamos con respeto y solidaridad a sus familias y a todos quienes viven el dolor de esta tragedia. Es un hecho que nos obliga a mirar más allá de la conmoción del momento. La precariedad, la soledad y el abandono que afecta a muchos adultos mayores de este Chile del siglo XXI es un verdadero clamor a nuestra sociedad, justo cuando celebramos tanto orgullo nacional. No es la primera tragedia que nos recuerda esta deuda y, si no asumimos cambios concretos, tampoco será la última. Cada vida perdida o desamparada nos interpela acerca de qué país estamos construyendo.
Nuestros adultos mayores no son una carga, ni personas que han quedado al margen de la historia. Son partes de nuestra historia. Son quienes trabajaron, levantaron familias, educaron, sirvieron y entregaron sus mejores años al desarrollo de Chile. Merecen vivir esta etapa con dignidad, seguridad, compañía y cariño.
Ninguna sociedad puede llamarse verdaderamente justa, fraterna, cristiana, si sus mayores son olvidados, abandonados o expuestos a condiciones indignas. La responsabilidad es de todos quienes formamos parte de esta hermosa tierra que hemos heredado. En primer lugar, corresponde al Estado velar, no sólo exigiendo condiciones adecuadas de cuidado de los adultos mayores, sino poniendo los recursos necesarios y diseñando políticas sociales de más colaboración, con el sector privado, por supuesto, junto con el control que siempre será necesario. Pero debemos asumir con más conciencia y claridad que la responsabilidad es de todos, teniendo en cuenta los contrastes sociales que nos caracteriza.
El Estado, las instituciones, las familias, las comunidades y cada ciudadano debemos reconocer que el cuidado de nuestros mayores no puede quedar relegado a otros. La solidaridad no debe aparecer únicamente cuando ocurre una tragedia, sino convertirse en una forma cotidiana de vivir nuestra sociedad. Que este septiembre encuentre a Chile agradecido por su historia, respetuoso de sus raíces y de su diversidad y comprometido con su futuro. Que nuestros adultos mayores puedan mirar el futuro con confianza y que cada chileno comprenda que cuidar a quienes nos precedieron es también cuidar el país que dejaremos a nuestros hijos. La grandeza del país no se mide sólo por lo que producimos y vendemos, se mide también por la dignidad con que trata a sus habitantes, por la justicia que ofrece a los más vulnerables y por la capacidad de proteger la vida. Chile, en sus 216 años, tiene una patria para agradecer y cuidar; y una patria que cuida a sus mayores es una patria que honra su historia, su presente y su futuro.










