En un ambiente de recogimiento y profunda esperanza, diez hermanos privados de libertad recibieron el sacramento de la Confirmación en la Cárcel de Hombres de Temuco. La Eucaristía, vivida en el interior de la comunidad San Maximiliano María Kolbe, fue un encuentro con un Dios que no abandona, que se hace cercano y camina incluso entre muros y rejas.
Allí, donde muchas veces parecen apagarse las oportunidades, la Iglesia vuelve a decir con gestos concretos que nadie está fuera del amor de Dios. Acompañando al Cristo que sufre y se deja encontrar en el rostro de quienes están privados de libertad, se renueva la certeza de que siempre es posible comenzar de nuevo.
Para la pastoral carcelaria, esta celebración manifiesta que la siembra paciente y silenciosa, realizada semana a semana con sencillez y fidelidad, está dando fruto. ” El Espíritu Santo sigue obrando en los corazones, abriendo caminos de reconciliación, dignidad y esperanza incluso en los lugares más difíciles”, expresan.
Quienes sientan el llamado a sumarse a esta misión de acompañamiento y servicio pueden comunicarse con el capellán, diácono Dorian Cánovas, y hacerse parte de este camino que transforma vidas. Como nos recuerda el Evangelio: “Estuve preso y me viniste a ver” (Mt 25,36).







