Con el Miércoles de Cenizas iniciamos un nuevo tiempo de gracia: la Cuaresma. Al recibir la ceniza sobre nuestra frente se nos recuerda nuestra fragilidad, pero también la infinita misericordia de Dios que nos invita, una vez más, a volver el corazón a Él. Comienza así un camino de preparación interior para vivir con profundidad la Semana Santa, centro de nuestra fe cristiana.
La Cuaresma es un tiempo litúrgico que nos llama a la conversión personal y comunitaria. Es una invitación a detenernos, a mirar nuestra vida con verdad y esperanza, y a renovar nuestra relación con Dios y con los demás. La Iglesia nos propone tres actitudes fundamentales: la oración, el ayuno y la penitencia. Orar para encontrarnos con Dios en lo más íntimo; ayunar para vivir con austeridad y sencillez; y compartir generosamente con quienes más lo necesitan.
En este tiempo, la Cuaresma de Fraternidad nos convoca de manera especial al cuidado y reconocimiento de las personas mayores. Ellas son memoria viva de nuestras comunidades, testimonio de fe y esfuerzo silencioso. Sin embargo, muchas veces enfrentan la soledad, la precariedad y el abandono. Como Iglesia, no podemos permanecer indiferentes.
Aportar a la campaña de Cuaresma de Fraternidad es un gesto concreto de amor cristiano. Gracias a esta iniciativa, se sostienen diversas acciones sociales a lo largo del país, promoviendo dignidad, integración y acompañamiento. Cada aporte, por pequeño que parezca, es una semilla de esperanza.
Que esta Cuaresma sea para todos nosotros un tiempo de oración sincera, de vida sencilla y de compromiso solidario. Caminemos juntos hacia la Pascua, renovando nuestra fe y fortaleciendo la fraternidad, especialmente con quienes más necesitan de nuestro cuidado.
† Mons. Jorge Concha Cayuqueo, Obispo Diócesis San José de Temuco








