Diócesis de Temuco

Confirmaciones en la Parroquia San Buenaventura en Angol

En la tarde del viernes 12 de diciembre, la comunidad parroquial San Buenaventura vivió una jornada de profunda alegría y fe, cuando 63 hermanos y hermanas recibieron el Sacramento de la Confirmación, culminando así una importante etapa de su iniciación cristiana.

La solemne Eucaristía fue presidida por el Obispo de la Diócesis de Temuco, Monseñor Jorge Concha Cayuqueo y concelebrada por el párroco Fray Marcos Peña Troncoso, junto a Fray Eugenio y Fray Jorge, en un ambiente de recogimiento y esperanza, acompañados por familiares, padrinos y miembros de la comunidad.

Durante su homilía, el Obispo destacó la centralidad del Sacramento de la Confirmación en la vida cristiana, subrayando que no se trata solo de un paso, sino de una verdadera renovación del Bautismo, donde el creyente recibe la fuerza del Espíritu Santo para vivir su fe con mayor compromiso y valentía.

La Confirmación nos regala el Espíritu Santo, que nos fortalece para ser testigos de Cristo en medio del mundo, en la vida cotidiana, en la familia, en el trabajo y en la sociedad, señaló el obispo.

El Obispo recalcó además que el Espíritu Santo es quien anima, guía y sostiene la vida de la Iglesia, recordando a los confirmandos que este sacramento los llama a asumir un rol activo dentro de la comunidad cristiana.

El Espíritu Santo es presencia viva que impulsa a amar, a servir y a anunciar el Evangelio con alegría y coherencia, afirmó.

Asimismo, invitó a los nuevos confirmados a no vivir su fe de manera aislada, sino a integrarse plenamente a la vida parroquial, poniendo sus dones y talentos al servicio de los demás.

“Hoy el Señor los envía. La Confirmación no es el final del camino, es el comienzo de una vida cristiana más madura y comprometida”, expresó el Pastor diocesano.

La comunidad parroquial agradeció la presencia del Obispo y de los sacerdotes concelebrantes, y encomendó a los nuevos confirmados para que, guiados por el Espíritu Santo, perseveren en la fe y sean signos vivos del amor de Dios en el mundo.