El miércoles 26 de agosto, la comunidad del Hogar de los Ancianos Desamparados de Temuco se reunió para celebrar la Eucaristía en memoria de Santa Teresa de Jesús Jornet, fundadora de la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, cuya vida estuvo profundamente marcada por el servicio, la caridad y la entrega a las personas mayores.
La celebración fue presidida por el obispo de la Diócesis San José de Temuco, monseñor Jorge Concha Cayuqueo, y contó con la presencia del padre Carlos Hernández. También concelebraron los sacerdotes que residen en el hogar, padre Anselmo Leonelli y padre Francisco O’Koren. A la Eucaristía se sumaron las religiosas de la congregación, los residentes del establecimiento y numerosos amigos, familiares y bienhechores que, de distintas maneras, colaboran con esta obra.
Durante su homilía, el obispo invitó a la comunidad a contemplar el testimonio de Santa Teresa de Jesús Jornet y la profundidad de una vocación que encontró en el cuidado de las personas mayores una expresión concreta del amor cristiano.
“Santa Teresa de Jesús Jornet comprendió que servir a los mayores era una manera privilegiada de servir al mismo Cristo. Su existencia estuvo marcada por una entrega sencilla y perseverante, capaz de reconocer en cada persona anciana una dignidad que debía ser respetada, acompañada y cuidada”, señaló el obispo.
En este sentido, agregó que Santa Teresa “nos recuerda que cada etapa de la vida tiene un valor único ante los ojos de Dios. La vejez no puede ser mirada como una carga ni como un tiempo de menor importancia; es una etapa que merece respeto, compañía y cariño, porque también allí el Señor continúa actuando y regalando su gracia”.
Destacó que el legado de Santa Teresa de Jesús Jornet no se encontraba únicamente en las obras que impulsó, sino especialmente en la manera de comprender el servicio a los más vulnerables.
“Ella dejó como herencia una forma de vivir la fe que se traduce en misericordia concreta. No se trataba solamente de hablar del amor de Dios, sino de hacerlo visible en los pequeños gestos cotidianos: acompañar, escuchar, cuidar, consolar y estar presentes. Esa es una herencia que continúa teniendo plena vigencia en nuestros días”, expresó.
El obispo valoró especialmente la labor que realizan las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, quienes mantienen vivo el carisma de su fundadora y desarrollan diariamente una misión de cuidado y acompañamiento.
“Quiero expresar mi profundo agradecimiento a cada una de las Hermanitas. Ustedes continúan haciendo presente entre nosotros el espíritu de Santa Teresa de Jesús Jornet. En cada cuidado, en cada palabra, en cada gesto de paciencia y en cada momento de compañía, se hace visible la ternura de Dios”, manifestó.
“Este hogar es mucho más que un lugar donde se atienden necesidades. Es una casa donde las personas pueden sentirse acogidas, escuchadas y queridas. Y eso es profundamente evangélico. También los sacerdotes que aquí residen encuentran en esta comunidad un espacio de cuidado, fraternidad y descanso. Por todo ello, la labor que realizan las Hermanitas tiene un valor enorme para nuestra Iglesia y para nuestra sociedad”, afirmó.
En su mensaje, también quiso reconocer a quienes colaboran permanentemente con el Hogar de Ancianos, valorando el compromiso de sus amigos y bienhechores.
“A quienes colaboran con esta obra quiero agradecerles sinceramente. Muchas veces una ayuda puede parecer pequeña, pero cuando se entrega con generosidad y pensando en el bienestar de otra persona, adquiere un profundo sentido cristiano. Su colaboración permite que esta misión pueda continuar y que muchos adultos mayores reciban no solamente los cuidados que necesitan, sino también compañía y dignidad”, sostuvo.


















