No cabe duda que la revolución tecnológica se introdujo en la vida de las generaciones actuales, transformando profundamente nuestra forma de vivir, tanto en el modo de comunicarnos como en la apertura a un cúmulo de aprendizajes incalculables. Vivimos inmersos en la era digital, sus redes tienen respuesta para todo simplificando la vida, ahorrándonos el esfuerzo de pensar, discernir y crear, ¡un paso tecnológico gigante! Pero este avance, al igual que una moneda tiene dos caras, que están influyendo considerablemente en etapas tempranas de la vida, desde la infancia a la adolescencia.
Por un lado, el acceso inconmensurable a la información que acrecienta el conocimiento; por el otro, el impacto en el desarrollo cognitivo de quienes están en etapa de formación. Países europeos y asiáticos han sido los primeros en advertir aquello, por los que sus gobiernos se han obligado a tomar medidas drásticas, prohibiendo el uso de teléfonos inteligentes, Tablet y pc en las aulas. Este cambio radical se está haciendo tendencia mundial, desde algunos distritos en Estados Unidos, Francia, España hasta Nueva Zelanda, la educación ha dado un vuelco y ya se hace sin pantalla. Pero no solo se restringe el uso de aparatos tecnológicos, hay países que han normado el control de las redes digitales, castigando con drásticas multas a las empresas proveedoras, si permiten el acceso de menores de 16 años de edad a sus plataformas.
El caso de Suecia ha llamado la atención en el mundo con su decisión de “volver al lápiz y el papel”, incluyendo el uso de libros físicos. Australia, ha prohibido el acceso de menores de 16 años a redes como: Tiktok, X, Facebook, Instagram, YouTube, Snapchat y Threads. Se promueven las vacaciones sin pantallas, fomentando la vuelta al deporte y los juegos para recuperar valores y aptitudes perdidas, disciplina, concentración, socialización presencial. Mientras el gobierno sueco busca recuperar habilidades esenciales que por siglos permitieron desarrollar el pensamiento profundo, la reflexión y la memoria. No se trata del rechazo a la tecnología, se establece una señal de alerta sobre su uso, debido a constataciones que demuestran pérdidas en el desarrollo cognitivo y emocional de niños y adolescentes, a causa del uso excesivo de estos medios: disminución del esfuerzo intelectual, expresado en reducción en niveles de comprensión lectora, pérdida de habilidades, concentración y memoria, pérdida de la imaginación y creatividad, altos niveles de ansiedad, dependencia de la aprobación digital y otros trastornos, provocados por el contenido perjudicial, que divulga material misógino, sexista y violento, como la inducción al suicidio en edades temprana.
Estudios recientemente divulgados han señalado como una consecuencia que debemos pensar, es la temprana pérdida de memorización de la voz de la madre, producto de la cantidad de voces y pensamientos que invaden la mente de los niños. En Chile el Parlamento ya ha realizado estudios; en nuestra ciudad algunos colegios han restringido el uso de teléfonos en clases. Pero, es tiempo para que las familias se hagan la siguiente pregunta: ¿el uso indiscriminado de medios digitales está realmente ayudando a nuestros niños y jóvenes en el desarrollo de un pensamiento lógico y sensible?
La Buena Noticia que Jesús pide a sus discípulos anunciar, es paraabundancia de vida, de profunda humanidad, en la que el amor es el eje fundamental.









