Una celebración de fe, gratitud y servicio en la Catedral de Temuco
El sábado 15 de agosto, en el marco de la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, la Diócesis de San José de Temuco celebró también la Jornada de la Vida Consagrada, en una Eucaristía presidida por el obispo diocesano, Mons. Jorge Concha Cayuqueo, OFM, en el Templo Catedral de Temuco.
La celebración reunió a sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles de la comunidad diocesana, quienes participaron con profunda devoción en esta significativa celebración, que contempla a María asciende al cielo en cuerpo y alma y que, al mismo tiempo, constituye una ocasión para agradecer el testimonio y servicio de quienes han consagrado su vida a Dios.
El obispo estuvo acompañado por el vicario general, Padre José Manuel González, junto a religiosos y religiosas que desarrollan su misión pastoral en distintos ámbitos de la diócesis.
Durante su homilía, el obispo, destacó la estrecha relación entre la solemnidad de la Asunción y la vocación de la Vida Consagrada, poniendo a María como modelo de entrega, fidelidad y disponibilidad al proyecto de Dios.
“María, en su entrega total al plan de Dios, nos muestra un camino de fidelidad y de servicio desinteresado. Ella acogió la voluntad del Señor y puso toda su vida al servicio de Dios y de los demás. En ella encontramos un ejemplo para todos quienes estamos llamados a vivir nuestra fe desde la entrega y el amor”, señaló el obispo.
En este sentido, destacó que la Vida Consagrada constituye un testimonio concreto de ese mismo espíritu de entrega. Religiosos y religiosas han desarrollado a lo largo de los años una importante labor en la diócesis, acompañando a las comunidades, educando en colegios, sirviendo en hospitales y centros de salud, atendiendo a personas enfermas y acompañando a quienes viven situaciones de vulnerabilidad.
“Queremos agradecer profundamente a nuestros hermanos y hermanas de la Vida Consagrada por su presencia y por tantos años de servicio. Muchos de ellos han estado cerca de los enfermos, de los niños, de los jóvenes, de las familias y de tantas personas que necesitan una palabra de esperanza. Ese servicio silencioso y muchas veces escondido es también una manera muy concreta de anunciar el Evangelio”, expresó.
El obispo también invitó a la comunidad a valorar y acompañar la vocación de quienes han elegido consagrar su vida al Señor, reconociendo en ellos una presencia que enriquece la misión evangelizadora de la Iglesia.
“La Vida Consagrada nos recuerda que la vida tiene una dimensión de entrega. No vivimos solamente para nosotros mismos. La vocación de estos hermanos y hermanas nos ayuda a comprender que cuando una persona se entrega a Dios y a los demás con generosidad, su vida se transforma en un signo de esperanza para toda la comunidad”, afirmó.
María, signo de esperanza y promesa de vida plena
Al profundizar en el significado de la Asunción, monseñor Jorge, recordó que María, elevada al cielo en cuerpo y alma, es para los creyentes un signo de la promesa de Dios y de la vida plena a la que está llamado todo ser humano.
“La Asunción de María nos habla de la esperanza cristiana. Nos recuerda que Dios tiene la última palabra sobre nuestra vida y que la muerte no es el final del camino. En María contemplamos aquello que Dios quiere realizar en quienes creen, esperan y se ponen en sus manos”, manifestó.
En esta perspectiva, invitó a los fieles a mirar la figura de María no solamente como una expresión de devoción, sino también como un modelo de confianza en Dios y de servicio a los demás.
“María nos enseña a confiar incluso cuando no comprendemos todo. Ella creyó, esperó y permaneció fiel. Por eso su Asunción es también una señal para nosotros de las maravillas que Dios puede obrar en quienes creen y esperan en Él”, sostuvo el pastor diocesano.
La celebración tuvo además un significado especial debido a la presencia de las reliquias de tres grandes testigos de la fe que durante estos días visitan la diócesis: la Beata Ana Catalina Emmerick, San Pío de Pietrelcina, conocido como Padre Pío, y Santa Mariam de Jesús Crucificado.
Al referirse a esta presencia, el obispo destacó que se trata de tres personas que, desde distintas realidades y caminos espirituales, entregaron su existencia al Señor y ofrecieron un testimonio profundo de fe.
“Tenemos ante nosotros el testimonio de tres personas que dedicaron su vida al Señor. Son vidas muy distintas, pero en las tres encontramos algo común: una profunda confianza en Dios, una vida de oración y una entrega generosa. Sus reliquias nos ayudan a recordar que la santidad no es algo lejano, sino una llamada que el Señor hace a cada uno de nosotros”, señaló.
Finalmente, el obispo, invitó a la comunidad a dejarse interpelar por el testimonio de María y de los santos y beatos, especialmente en un tiempo en que la Iglesia necesita hombres y mujeres dispuestos a servir con generosidad.





























